Después
de unos cuantos años como Catedrático de Bachillerato y tras más de 37 como
Inspector de Educación, a partir de hoy amanezco como un jubilado más.
7/1/26
Ayer anocheció... Hoy amanezco...
5/1/26
Despedida
Después
de unos cuantos años como Catedrático de Bachillerato y tras más de 37 como
Inspector de Educación, hoy, mi último día hábil como funcionario público, he estado
haciendo el último informe de inspección, he atendido algunas quejas y
reclamaciones, he recogido el despacho y empaquetado unos cuantos papeles y
recuerdos de lo mucho y bueno habido y me ha tocado despedirme de lo sido: «Sed
fugit interea, fugit irreparabile tempus», escribió Ovidio en sus Geórgicas.
Es
verdad que bien recuerdo las palabras que Miguel de Cervantes escribió el 19 de
abril de 1616, en la dedicatoria que hizo a don Pedro Fernández de Castro,
conde Lemos, de Los trabajos de Persiles y Sigismunda: «El tiempo es
breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan y llevamos la vida sobre el
deseo que tenemos de vivir».
Pero
todos bien sabéis que quien escribe y reescribe, reescribiendo –y
desescribiendo– se escribe, a la vez que escribe el mundo que le ha tocado
vivir.
Muchos,
muchísimos años de ejercicio profesional he dedicado a este hermoso oficio, asumiendo
múltiples responsabilidades; y siempre bajo un mismo lema, que en todo momento
he tenido presente, como bien sabéis: «Todos tienen derecho a la educación»
(Art. 27.1 de nuestra Constitución Española).
En
el momento de la despedida, uno es bien consciente, parafraseando los versos
del «Segundo Cuarteto» de T. S.
Eliot, de que en el principio está nuestro fin, en el fin está nuestro
principio, de que hay un tiempo para edificar, un tiempo para vivir y engendrar
y un tiempo para que el viento rompa el quicio del ventanal.
A
partir de ahora –cada vez más alto, cada vez más fuerte, cada vez más rubio y
los ojos más azules, como tantas veces he dicho–, espero que el sol de
primavera me ilumine todas las mañanas, que las lluvias de junio me
rejuvenezcan y que pueda recoger todos los frutos que me depare el otoño, en
esta etapa tan gratificante y hermosa que ahora inicio.
Mil
gracias a todos por tanto habido, que ha sido mucho y bueno, y por todo lo que
habrá, que el futuro lo vamos escribiendo entre todos cada día, que cada día
seguimos escribiendo la vida ajena, y hasta la propia.
Mientras
la vida pasa, y nosotros con ella, permitidme que os diga: «Cuidaos y sed felices,
que lo demás no importa», según escribió Walter Benjamin el domingo, 22 de
septiembre de 1940, cuando se estaba despidiendo del Vieux-Port marsellés y ya
se encaminaba al encuentro con la muerte, que le estaba esperando, cuatro días
después, en Portbou (Los papeles de Walter Benjamin: 214).
Un
fuerte abrazo agradecido.
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