30/3/26

A vueltas por el camino de Walter Benjamin a Portbou

 

 

En la revista «El Cultural» del pasado 27 de marzo publica Ignacio Echevarría su colaboración semanal, titulada en esta ocasión “El camino de Walter Benjamin”.

¡Cuántas vueltas y revueltas ha dado de sí ese viaje de Benjamin hasta Portbou, hasta la localidad catalana donde le estaba esperando la muerte, aquel infausto jueves, 26 de septiembre de 1940!

Después de Los papeles de Walter Benjamin (Sial Pigmalion), bien se sabe que el 26 de septiembre de 1940, después de haber salido de Francia de manera irregular y de haber cruzado los Pirineos a pie hacia España por la ruta Líster –la misma que, en sentido inverso, en la Retirada, habían hecho unos meses antes miles y miles de españoles derrotados, Antonio Machado entre ellos–, Benjamin vino a encontrarse con la muerte, que le estaba esperando en Portbou, y se suicidó a fin de impedir que la policía española le devolviera a Francia y le entregara a la Gestapo.

Y bien se sabe también que en Los papeles de Walter Benjamin se da a conocer el manuscrito que Benjamin llevaba durante los últimos meses de su vida en la famosa cartera negra que siempre llevaba consigo, ese manuscrito que él consideraba más importante que su vida.

Cuando a Benjamin le recriminan, Lisa Fittko incluida, porque, fatigado, siempre lleva consigo a cuestas su pesada cartera negra de cuero, les dice a todos los que quieren escucharle: «Es mi nuevo manuscrito, en el que casi todo escrito está».

Y por si no queda claro, Benjamin añade:

«Debe usted entender que esta cartera y lo que contiene es lo más importante para mí. No puedo arriesgarme a extraviarla. Es necesario que el manuscrito que llevo conmigo se salve. Es muy importante. Mucho más que mi vida».

 Como los buenos lectores bien saben, en Los papeles de Walter Benjamin se narran al natural los datos autobiográficos más relevantes de la vida de Benjamin –“C’est moi que je peins”, escribió Montaigne en sus Ensayos, a la vez que se muestran algunos de sus pensamientos e ideas más relevantes (su obra), mientras se narra el tiempo de ruido y furia que le ha tocado vivir.

 Mientras tanto, este escritor sigue contando la verdad de la vida propia y hasta de la ajena, y les dice a los lectores: «Cuídate y sé feliz, que lo demás no importa», según escribió Walter Benjamin el domingo, 22 de septiembre de 1940, cuando se estaba despidiendo del Vieux-Port marsellés y ya se encaminaba al encuentro con la muerte, que le estaba esperando, cuatro días después, en Portbou.




 

29/3/26

La patria del escritor

 

 

«Quien ya no tiene ninguna patria, halla en el escribir su lugar de residencia», según aparece escrito en el epígrafe 51 de Minima moralia, de Theodor W. Adorno, la obra que estoy releyendo nuevamente.



Tal como reconocíamos hace un par de día en televisión (https://www.youtube.com/watch?v=cA3oXq49stU), según se recoge en la solapa tanto de Sinfonía de Praga como de Los papeles de Walter Benjamin:

Nacido en la ribera del río Corcos, en las inmediaciones del Esla, en la localidad leonesa de Villahibiera (1956), uno se presenta habitualmente como hijo de su padre y de su madre, a la vez que como hijo de su tierra y de su tiempo, aunque ha llegado a convertirse en ciudadano del mundo.

Pero no se equivocaba Adorno cuando, en 1945, desde Nueva York, alejado por la fuerza del nazismo de su tierra alemana, escribía acerca de cómo la patria y el refugio del escritor es la escritura.



Aunque, como dejamos escrito en Los papeles de Walter Benjamin (30):

Puedes ir más lejos, o de otra manera, como bien escribió Michael de Montaigne en sus Essais: «Yo ahora y yo hace un momento somos dos».

Así somos, así queremos ser, así queremos seguir siendo, en estos mundos tan multiformes y tan nuestros, donde no hacemos otra cosa que «glosarnos los unos a los otros».

Y el escritor que se precie como tal puede y debe ir más allá, como hemos reiterado en Los papeles de Walter Benjamin (196):

«La literatura como expresión estética de la ética humana (Nulla aesthetica sine ethica): Responsabilidad ética para analizar críticamente el pasado y críticamente comprometerse con el presente; corresponsabilidad ética con el mundo que hemos de dejar hacia el futuro».

 Y al inicio del epígrafe 143 de Minima moralia –que lleva por título “In nuce”, escrito en 1947– Theodor W. Adorno propone: «La misión del arte hoy es introducir el caos en el orden».

En contraste con la propuesta de Adorno, uno defiende que la novela, género proteico por excelencia, tal como hemos hecho en Sinfonía de Praga y en Los papeles de Walter Benjamin, ha de ser entendida como proyecto artístico que ofrece al lector un relato bien estructurado –où tout se tient–, una peripecia motivadora –hechos sorprendentes que conectan el pasado con el presente–, una voluntad de estilo que cautiva y una anagnórisis final que sorprende y arroba.

A nuestro entender, es necesario que el creador de una obra literaria ofrezca esos cuatro elementos al lector –relato bien estructurado, peripecia motivadora, voluntad de estilo y anagnórisis final sorprendente–, pero ha de ofrecerle también y muy especialmente una cosmovisión poderosa que crea un nuevo mundo a la vez que propicia un nuevo lector y permite a este ser otro y distinto a aquel que era en el momento en que inició la lectura de la obra.

 

27/3/26

Ayer, en televisión...


          …estuvimos contando algo de lo ya habido y reflexionando sobre educación y cultura ("Cátedra Cultural"), en buena compañía:



 


28/2/26

Teatro, el mundo es puro teatro

 


Que no solo en el taller del artista, que no solo en la literatura vive el escritor.

«Teatro, el mundo es puro teatro… …y fuegos artificiales», según ha quedado escrito en esas dos novelas que tú bien conoces.

Por ello, ayer estuvimos en el teatro Bellas Artes viendo Gigante.



Me resultó muy interesante la obra; y más en la medida en que hace reflexionar desde hechos del pasado reciente (Verano de 1983: Invasión de Líbano por parte de Israel) sobre los tiempos de ruido y furia que vivimos en el presente.



Roald Dahl. La conciencia del escritor y su compromiso con el mundo. Perspectivismo. Libertad de expresión. Responsabilidad pública del artista.

Y antes de acudir al teatro paseé por la Sala Alcalá 31 para ver “No-res”, la exposición antológica de Jordi Teixidor (Valencia, 1941), que reúne más de medio centenar de sus obras, desde la década de los 60 hasta la actualidad, entre las que se encuentran todos los cuadernos de trabajo del artista., uno de los máximos representantes de la abstracción española.



La mayoría de los cuadros, innominados, Sin título. Así, a nada comprometen al creador de la obra artística, que –por no decir– no dice nada, para que sea el receptor de la obra el que diga, si es que algo dice o puede decir.




Ya alguna vez hemos escrito (Sinfonía de Praga: 323 y Los papeles de Walter Benjamin: 288), a partir del arte del silencio, si es que no es silencio del arte –porque no deja sonar 4’33’’, su pieza insonora, John Cage–:

 

«Y la obra de arte va a más. ¿Hacia dónde? ¿Hasta dónde? Arte del silencio, silencio del arte. El arte que se niega a sí mismo para ser de otro modo. ¿Dónde progresa tanto la creación que acaba el arte? ¿Dónde la obra artística culmina para dejar de ser, o ser nada, para llegar a ser 0’00’’ –o la cosa que no es del reino de los Houyhnhnms–?».

 


Tiempos estos de ruido y furia desatada en este mundo convulso, que se desangra día a día y una y otra vez repite sus errores del pasado.

¿Será hoy buen día para ir a bañarse en el Moldava, como hizo aquel, según escribió en su Diario?

Aunque acaso no nos resulte satisfactorio lo que Kafka hizo aquel día en Praga cuando comenzó la Gran Guerra…

¿O refugiarse en el arte, la vida como un cuento… de ruido y furia que no significa nada?

Con Faulkner en el horizonte, pero especialmente con Shakespeare –Macbeth, V, V– en lontananza, recordando «life is... a tale... full of sound and fury, signifying nothing».

Aunque puede que no nos parezca asumible lo que expresa el protagonista de Macbeth.

 


 

7/1/26

Ayer anocheció... Hoy amanezco...


Después de unos cuantos años como Catedrático de Bachillerato y tras más de 37 como Inspector de Educación, a partir de hoy amanezco como un jubilado más.

 Muchos, muchísimos años de ejercicio profesional, asumiendo múltiples responsabilidades, y siempre bajo un mismo lema, que en todo momento he tenido presente, como bien sabéis y he reiterado en mi «Despedida», hace un par de días: «Todos tienen derecho a la educación» (Art. 27.1 de nuestra Constitución Española).

 Mil gracias a todos por tanto habido, que ha sido mucho y bueno, y por todo lo que habrá, que el futuro lo vamos escribiendo cada día, que cada día seguimos escribiendo la vida ajena, y hasta la propia.

 Porque quien escribe, se escribe: «El que escribe y reescribe, reescribiendo –y desescribiendo– se escribe, a la vez que escribe el mundo que le ha tocado vivir», según escrito está en la pág. 23, al inicio de «Los papeles de Walter Benjamin».

 Un fuerte abrazo agradecido.

 El Inspector de Educación ha muerto, ¡viva el escritor!

 

5/1/26

Despedida

 

Después de unos cuantos años como Catedrático de Bachillerato y tras más de 37 como Inspector de Educación, hoy, mi último día hábil como funcionario público, he estado haciendo el último informe de inspección, he atendido algunas quejas y reclamaciones, he recogido el despacho y empaquetado unos cuantos papeles y recuerdos de lo mucho y bueno habido y me ha tocado despedirme de lo sido: «Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus», escribió Ovidio en sus Geórgicas.

Es verdad que bien recuerdo las palabras que Miguel de Cervantes escribió el 19 de abril de 1616, en la dedicatoria que hizo a don Pedro Fernández de Castro, conde Lemos, de Los trabajos de Persiles y Sigismunda: «El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan y llevamos la vida sobre el deseo que tenemos de vivir».

Pero todos bien sabéis que quien escribe y reescribe, reescribiendo –y desescribiendo– se escribe, a la vez que escribe el mundo que le ha tocado vivir.

Muchos, muchísimos años de ejercicio profesional he dedicado a este hermoso oficio, asumiendo múltiples responsabilidades; y siempre bajo un mismo lema, que en todo momento he tenido presente, como bien sabéis: «Todos tienen derecho a la educación» (Art. 27.1 de nuestra Constitución Española).

En el momento de la despedida, uno es bien consciente, parafraseando los versos del «Segundo Cuarteto» de T. S. Eliot, de que en el principio está nuestro fin, en el fin está nuestro principio, de que hay un tiempo para edificar, un tiempo para vivir y engendrar y un tiempo para que el viento rompa el quicio del ventanal.

A partir de ahora –cada vez más alto, cada vez más fuerte, cada vez más rubio y los ojos más azules, como tantas veces he dicho–, espero que el sol de primavera me ilumine todas las mañanas, que las lluvias de junio me rejuvenezcan y que pueda recoger todos los frutos que me depare el otoño, en esta etapa tan gratificante y hermosa que ahora inicio.

Mil gracias a todos por tanto habido, que ha sido mucho y bueno, y por todo lo que habrá, que el futuro lo vamos escribiendo entre todos cada día, que cada día seguimos escribiendo la vida ajena, y hasta la propia.

Mientras la vida pasa, y nosotros con ella, permitidme que os diga: «Cuidaos y sed felices, que lo demás no importa», según escribió Walter Benjamin el domingo, 22 de septiembre de 1940, cuando se estaba despidiendo del Vieux-Port marsellés y ya se encaminaba al encuentro con la muerte, que le estaba esperando, cuatro días después, en Portbou (Los papeles de Walter Benjamin: 214).

Un fuerte abrazo agradecido.

 


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