17/8/26

Encuentro de los Garmón y otras aventuras veraniegas y leonesas

 

 

Después de unos días en el pueblo, ya estamos retornados al taller de San Lorenzo de El Escorial para seguir escribiendo La alegría de vivir que completará Sinfonía de Praga y Los papeles de Walter Benjamin–.

Es verdad que ha habido mucho y bueno estos días veraniegos y familiares por las tierras de León: Un eclipse de sol desde el mirador de la Cruz en Villahibiera, la celebración familiar de la jubilación en una bodega en Valdevimbre y hasta el jubiloso encuentro de los Garmón en Villaverde de Arcayos.

El eclipse: Sorprendente y majestuoso, conforme con lo esperado, nos hizo sentir seres indefensos, hermanados con la naturaleza toda, anochecida a deshora. Contemplamos el eclipse desde la tierra que nos vio nacer, en la que el Sol nos iluminó por primera vez, en la Villahibiera de siempre, aunque uno haya tenido que alejarse de la tierra en la que abrió los ojos para convertirse en ciudadano del mundo, para seguir siempre añorándola.



La jubilación: Compartida celebración en familia. Sí, cada vez más alto, cada vez más fuerte, cada vez más rubio y los ojos más azules, como tantas veces hemos dicho y escrito. Con el sol de primavera que ilumina nuestras mañanas, con las lluvias de junio para rejuvenecernos y recogiendo los frutos que nos depara el otoño, en esta etapa tan gratificante y hermosa que estamos viviendo, aunque todos los días de la semana sean miércoles.




Encuentro de los Garmones: El 15 de agosto, Día de la Asunción, Día de Nuestra Señora, con la Virgen de Yecla al fondo, más de cincuenta Garmones nos hemos reunido y celebrado conjuntamente el jubiloso encuentro en Villaverde de Arcayos. ¡Nuestro bisabuelo Rafael Garmón bien se lo merecía! Allí estuvimos nietos, biznietos, tataranietos y hasta algún chozno de la quinta generación de los Garmones, recordando a mi madre –Rosina– y a mi abuela materna –Teodora– y a tantos de nuestros ancestros y familiares compartidos.



Uno es bien consciente de ser Fernández (por Virino, mi padre; y también por mi abuelo Vicente y por mi bisabuelo Pedro), González (por Rosina, mi madre, así como por mi abuelo Indalecio y por mi bisabuelo Simón), Blanco (por mi abuela María Esperanza, que, en tanto hospiciana, no permite continuar la línea ascendente), Garmón (por mi abuela Teodora y por mi bisabuelo Rafael, que nos ha convocado al encuentro familiar habido el 15 de agosto), González (por mi bisabuela María Josefa), Albalá (por mi bisabuela Valentina), Villafañe (por mi bisabuela Rosina).

De generación en generación –¡cuánto queda en nosotros de nuestros ancestros y de tantos genes familiares compartidos y heredados! ¿cuánto hay en cada uno de nosotros de la crianza y del aprendizaje que da la vida?–.

Como escrito está por el poeta en «Esta es la vida»:

«Somos lo que somos,

lo sabes bien;

somos lo que fuimos,

lo que unos y otros nos ayudaron a ser

nature más que nurture

hasta hacernos así».

 

4/8/26

Prepárate para sentir...

   

…lo que nunca has sentido hasta ahora ni sentirás nunca más en tu vida: el día 12 de agosto, el Sol se ocultará para ti y te sentirás solo, puede que un ser indefenso, puede que un estar hermanado con la naturaleza toda, anochecida a deshora.

Prepárate para sentir, para sentirte, para sentirlo. Y eso no lo puedes hacer solo ni en cualquier sitio. No te puede suceder en cualquier lugar sino en la tierra que te vio nacer, en la que el Sol te iluminó por primera vez, en tu Villahibiera de siempre, aunque hayas tenido que alejarte de ella para convertirte en ciudadano del mundo.

Acércate a Villahibiera el día 12 de agosto, esa tierra de «seres humanos firmes, vigorosos, recios, curtidos por el sol, enhiestos a pesar de la adversidad y de las inclemencias del tiempo o de los embates de la naturaleza; con sus ojos dirigidos a lo lejos, hacia arriba, hacia lo alto, hacia el cielo; con acendrada mentalidad religiosa, escrutando la naturaleza –mirando hacia el horizonte para adivinar si va a llover o si ya escampa, si va a helar esta noche o si va a hacer sol mañana–, y asentados firmemente en una tierra inmisericorde, desangrada y aleve», como escrito está en «Los papeles de Walter Benjamin» (Pág. 50).

 

Eclipse de sol desde Villahibiera

escaleta

(12 de agosto de 2026)


07:25h (Salida del Sol):

La salida del dios Sol se ha de observar esa mañana desde la picuruta del Cueto o desde Piconariz, a donde se habrá de llegar con antelación suficiente, peregrinando en fila de a uno, dirigidos por un perrito pequeño y bien educado (se puede acudir, asimismo, acompañados de gatos y de cualquier otro animal que conviva en el entorno familiar).

 


Resto del día:

Con voto de silencio durante todo el día, meditación sobre el pasado habido o sobre el porvenir, en perfecto ayuno (aunque bebiendo la cantidad de agua que se precise para el sostenimiento del cuerpo y del alma).

Se puede pasear por La Solana, el mirador de la Cruz, Valdelasyeguas, Las Pedrosas, Valdeañe, el roble de Camperas y hasta por Maresteruelo, si el cuerpo lo pide y lo aguanta, respetando siempre el voto de silencio. Con siesta reparadora, a la fresca sombra de una chopa o de una palera, acunados por el suave sonido susurrante del Corcos en Entrelosríos.

Se habrá de hacer parada obligatoria, al menos una vez, a lo largo del día, en la vieja iglesia románica del siglo xii de San Tirso y Santa Eugenia (al gitano de Patri no se le obliga, en tanto que él –muy joven para ello– ya no llegó a bautizarse en esa iglesia ¿y quedó para siempre moro?), rindiendo el correspondiente tributo a la Negrilla, enseña y remembranza, memoria del tiempo recobrado de Villahibiera.

 

19:30h:

Ablución ritual en las aguas del río Corcos, en las inmediaciones del Puente Blanco, para lavar la mugre del pasado y todo el daño recibido o causado, de generación en generación, mientras se entonan los versos del poeta, como escrito está en «Esta es la vida»:


«Somos lo que somos,

lo sabes bien;

somos lo que fuimos,

lo que unos y otros nos ayudaron a ser

nature más que nurture

hasta hacernos así».

 


20:00h:

En medio del Puente Blanco se encenderá un fuego ritual, con tomillo, jara y urces aportadas por Ramiro, en el que se quemará un “cadáver exquisito” [¡qué coño será eso de un “cadáver exquisito”!], elaborado con la activa participación de todos los miembros de la familia presentes en el evento como ofrenda al dios Sol (que otros llaman Zeus, Júpiter, Amón o vaya usted a saber), después de leer el poema “Villahibiera”, que comienza así: «Si a Villahibiera, buscas, oh caminante…»


 20:15h:

Se hará un mural con los deseos de los miembros de la familia, que escribirá Patricia, por ser la mayor de su generación, donde se podrán incluir también aquellos mensajes que envíen por WS u otro procedimiento análogo los que no puedan estar presentes en el evento.

En la medida en que el dios Sol ilumine los deseos cuando dé nueva luz a esta Tierra nuestra, se irán cumpliendo, hasta que en el año 2053 se produzca otro eclipse total del Sol (¿Quién vivirá dentro de 27 años? Me temo que habrá menos miembros en la familia, aunque a lo mejor alguno se anima y comienza a hacerla crecer).


 

20:28h:

Postrados en tierra, la mirada al frente, hacia el oeste, sobre el Puente Blanco, con las gafas aportadas por Mari Celi bien colocadas, sentida adoración al dios Sol durante el eclipse total de los miembros de la familia.

 

20.30h:

Concluido el eclipse, con jarana y alborozo, los presentes se dirigirán al cercano Recodo del Esla para hacer una gran merendola: ensalada de escabeche y huevos cocidos, con abundante sal y vinagre para abrir boca. Ramio irá partiendo jamón (de pata negra, por supuesto), a demanda de los interesados. Luego, tortilla de patata, con cebolla; adobo, chorizo, queso y demás ricas viandas propias del ágape festivo a celebrar, con vino de prieto picudo de Valdevimbre (aunque, si fuere menester, no se harán ascos a los caldos de La Rioja, Ribera de Duero o procedentes de Galicia).


Exterior noche:

Cuando las estrellas de la Vía Láctea ya sean plenamente visibles en el firmamento, agotados todos y un poco bolingas, se podrá ir a dormir cada uno donde bien le plazca, en el soto o en el verde prado de flores esmaltado apto para retozar, o retornando a casa en busca de la acogedora cama.

 

22/7/26

Lo que está saliendo mal...

  

…va a salir bien, si tú lo intentas y bien lo quieres.

Solo hace falta que lo quieras, que bien sabes que, a pesar de todas las adversidades, Ítaca te está esperando, que el fiel porquerizo Eumeo y la inestimable ayuda de Telémaco van a permitir al héroe homérico reconstruir la realidad y reconquistarla, reconquistando a su amada Penélope y reconquistándose a sí mismo en el intento, como se expresa en una novela que tú y yo sabemos (139).

Bien conoces las peregrinaciones y trabajos para llegar a Ítaca de aquel varón ingenioso que, errante durante largo tiempo, participó en la destrucción de Troya y conoció muchos pueblos y gentes en su periplo viajero (25).

Aunque tarde, mísero y solitario, en un barco extranjero, después de haber sorteado el remolino de Caribdis y la roca de Escila, puede que llegues a tu casa y en tu hogar no encuentres más que desolación, le profetizó Tiresias al varón ingenioso y errante (59); y eso también forma parte del destino.

Bien lo sabes: Hay que tener cuidado, que a veces los sueños se cumplen.

Querer ser lo que eres y no preferir nada más (Quod sis, esse velis nihilque malis; así escribe Marcial en su epigrama X 47: «De vita beata»). Mientras, los Rolling Stones te cantan: You can’t always get what you want, but if you try sometimes you might get what you need!

O recrearte en cómo Astrid Thompson finalmente logra hacer realidad el sueño de su padre: reunir cuatro Stradivarius para un concierto único, esperado y deseado por los amantes de la música de todo el mundo. Pero Lise, George, Peter y Apolline, los cuatro virtuosos reclutados para la ocasión (dos violines, viola y violonchelo), no pueden tocar juntos. Las crisis de egos se suceden al ritmo de los ensayos. Sin una solución fácil, Astrid decide ir a buscar al único que, a sus ojos, aún puede salvar el evento: Charlie Beaumont, el compositor de la partitura que van a interpretar en unos días.

Y lo que puede salir bien, si lo intentas sale bien: Todo rodeado de camisetas rojas. Muy rojas y muy españolas, que el fútbol y los españoles pueden ser lo que quieran ser, para sorpresa del mundo entero. Banderas de España por doquier, de esta España unida en la diversidad y hasta en la heterogeneidad. ¡Todos españoles!

¡Ay, el cine! ¡Ay, la música! ¡Ay, el fútbol! ¡Ay, la literatura! ¡Ay, el arte!



[Reflexiones a partir de dos películas, recientemente estrenadas –La Odisea de Christopher Nolan y Los músicos de Grégory Magne–, y una gran banderolada. A veces, con el permiso de la Musa, el escritor de fondo sale un rato del taller del artista de San Lorenzo de El Escorial, dejando sobre la mesa el manuscrito de La alegría de vivir, la tercera entrega de la trilogía Constelaciones de Europa, que avanza a su ritmo, viento en popa].









 

14/7/26

¿Cada vez más solos?

          ¿Nos vamos quedando cada vez más solos?

Tiempo ha y precipitadamente se nos fue José Agustín Goytisolo –palabras para Julia; tiempo después se nos marchó Juan –Juan sin tierra, innovador y transterrado–, y ahora se nos acaba de ir Luis –de quien tanto aprendí, como lector y como escritor: sin él yo hoy no sería quien soy, sin Antagonía yo hoy no sería lo que soy–.



Cuando leí Recuento, en los primeros años setenta del siglo pasado, confirmé lo que quería ser, y cómo quería serlo. E inmediatamente vendrían Los verdes de mayo hasta el mar (1976), La cólera de Aquiles (1979) y Teoría del conocimiento (1981), configurando esa tetralogía mítica que es Antagonía, «la fuente donde tantas veces bebí y el manjar del que, a veces, comí».




Como tú bien sabes, en el proceso de escritura de Sinfonía de Praga, hasta siete páginas le fueron dedicadas a Antagonía –Cfr. las página 95 y siguientes de Compleméntum (Manifiesto) de Sinfonía de Praga [Proposición 67 de “Mena, ganga, esquirlas y virutas (Making of)”, en «Taller»]–.




Como ya bien sabes, quien escribe, se escribe: «El que escribe y reescribe, reescribiendo –y desescribiendo– se escribe, a la vez que escribe el mundo que le ha tocado vivir», según escrito está en la pág. 23, al inicio de «Los papeles de Walter Benjamin».

Y hasta podemos preguntarnos: ¿Qué quedará de nosotros cuando nos hayamos ido? ¿Qué legado hemos de dejar a la posteridad?

 

2/7/26

¿Te vienes conmigo a Portbou?

 

Este mes de septiembre, nos vamos de la mano de Walter Benjamin a Portbou. Es en la localidad catalana donde, como cada año, durante los días 4, 5 y 6 de septiembre, se va a realizar la XI Escuela de verano dedicada a Benjamin, que este año se sitúa bajo el lema «La relación del ‘progreso’ con el surgimiento de los ‘fascismos’».

Organiza: Fundación Angelus Novus y la Associació Passatges.

Inscripción gratuita: info@passatgescultura.org, info@fundacioangelusnovus.orgparcerisaspilar@gmail.com / T. 660 827023.

  


           

Mi intervención en la XI Escuela de verano será el sábado, día 5, a las 12,30h, y versará sobre «El legado de Walter Benjamin, paradigma de la modernidad».

Será una magnífica ocasión para reflexionar, una vez más, como lo henos hecho en Los papeles de Walter Benjamin, sobre el legado que Walter Benjamin ha trasladado a la modernidad y que le ha convertido en icono de nuestro tiempo.

En mi intervención en la localidad catalana de Portbou recordaré lo que bien se sabe, que aquel infausto, jueves, 26 de septiembre de 1940, después de haber salido de Francia de manera irregular y de haber cruzado los Pirineos a pie hacia España por la ruta Líster –la misma que, en sentido inverso, en la Retirada, habían hecho unos meses antes miles y miles de españoles derrotados, Antonio Machado entre ellos–, Benjamin vino a encontrarse con la muerte, que le estaba esperando en Portbou, que fue entonces cuando se se suicidó a fin de impedir que la policía española le devolviera a Francia y le entregara a la Gestapo.

Y bien se sabe también que durante los últimos meses de su vida, en aquellos tiempos de ruido y furia de 1940, donde había que intentar sobrevivir a toda costa, Benjamin estaba elaborando un manuscrito, su legado para la posteridad, que siempre llevaba consigo dentro de la famosa cartera negra que le acompañaba a todos los sitios. Ese manuscrito que, después de huir de París a toda prisa porque la Wehrmacht ya ocupaba la capital francesa, comenzó a escribir en Lourdes, el lunes, 15 de julio de 1940, el día en que cumplía 48 años, y que comenzaba así:

«¡Yo no soy malo!». Así has de comenzar tu alegato ante el mundo y ante ti mismo en este día tan triste en que cumples 48 años, con esos ojos empañados en lágrimas que miran más allá de los Pirineos, este lunes, 15 de julio de 1940.

»No; tú no eres malo. Por más que así te traten en estos tiempos de tribulación, en esta Europa convulsa, que enloquecidamente camina hacia el desastre.

»No; tú no eres malo. Como tampoco lo sois los miles y miles de seres humanos que, como ratas enjauladas, estáis intentando huir de la furia desatada en Alemania y que tan rápidamente se está extendiendo por toda Europa.

»No; tú no eres malo. Eso has de escribir reiteradamente y en silencio, ya que no puedes decir nada en voz alta en esta Europa de ruido y furia. Escribir; eso es lo que te queda, Walter; eso es casi lo único que te permiten, Benjamin, y a lo que no has de renunciar en modo alguno.

»En estos tiempos donde no queda tiempo, habitado por tus pensamientos, mientras buscas afanosamente la salvación y la vida, has de escribir, solo escribir, como hacía Kafka: El que escribe y reescribe, reescribiendo –y desescribiendo– se escribe, a la vez que escribe el mundo que le ha tocado vivir.» (Pág 23 de Los papeles de Walter Benjamin).

Manuscrito y legado que Benjamin continuó escribiendo en Marsella a partir del sábado, 17 de agosto de 1940, cuando pudo llegar hasta esa ciudad mediterránea donde acudían los que buscaban salir de Francia y de Europa como fuera y al precio que fuera, ese manuscrito que él consideraba más importante que su vida.

Cuando a Benjamin le recriminan en esos meses de furia desatada, Lisa Fittko incluida, porque, fatigado, siempre lleva consigo a cuestas su pesada cartera negra de cuero, les dice a todos los que quieren escucharle:

«Es mi nuevo manuscrito, en el que casi todo escrito está» (Pág. 204).

Y por si no queda claro, Benjamin añade:

«Debe usted entender que esta cartera y lo que contiene es lo más importante para mí. No puedo arriesgarme a extraviarla. Es necesario que el manuscrito que llevo conmigo se salve. Es muy importante. Mucho más que mi vida» (Pág. 204).

En su legado para la posteridad, Benjamin se pregunta y busca dar cumplida respuesta a tres preguntas que se hace reiteradamente:

«¿Quién eres tú, Walter? ¿Qué eres tú, Benjamin? ¿A cuántos seres acoges en una sola persona, Walter Benjamin?» (Pág. 24).

Y en Lourdes, el lunes, 15 de julio de 1940, el día en que cumplía 48 años e inicia el relato de su legado para la posteridad, en la cuarta página del su manuscrito, Benjamin escribe:

«Lo que a ti, aquí y ahora, te corresponde, a la vera de los Pirineos, en este tiempo de muerte y destrucción, en este tiempo de ruinas, es escribir tu legado, narrar la novela que cada uno lleva consigo, contar tu vida entendida como una novela en marcha y dar a conocer al mundo la obra de arte propia, personal y no transferible ni delegable, tus Papeles» (Pág. 26).

En mi intervención en Portbou me centraré en el Benjamin narrador a partir de las reflexiones que hizo en el ensayo «El narrador: consideraciones sobre las obras de Nicolái Leskov», que publicó en 1936 en la revista Orient und Occident.

En ese ensayo, hoy tan famoso, Benjamin reflexionaba sobre el narrador como la figura artesanal que fusiona el conocimiento del marinero que cuenta lo mucho que ha viajado y la minuciosidad de la tejedora apegada a la tierra y a la tradición compartida.

De este modo el arte del narrador “teje” urdimbre y trama sabiamente conjuntadas en un maravilloso dechado las historias basadas en la experiencia compartida por el narrador y el lector. Ello le permite a Benjamin combinar en el relato que escribe de su legado a la posteridad, tal como se recoge en Los papeles de Walter Benjamin, su vida propia (datos autobiográficos) junto con sus pensamientos e ideas (lo más significativo de su obra), a la vez que propicia narrar al mundo el tiempo de ruido y furia que le ha tocado vivir.

Como tú bien sabes, según está escrito en la página 23 de Los papeles de Walter Benjamin, el que escribe y reescribe, reescribiendo –y desescribiendo– se escribe y se narra a sí mismo, al natural, a la vez que escribe para los demás el mundo que le ha tocado vivir.

Así es el relato de Walter Benjamin para la posteridad, así es su novela en marcha, su legado; así son Los papeles de Walter Benjamin.

Mientras la vida se va yendo, y cada uno de nosotros con ella, hay que seguir escribiendo cada día la verdad de la vida propia, y hasta de la ajena, para, finalmente, preguntarse con Benjamin: ¿Qué quedará de nosotros cuando nos hayamos ido? ¿Qué legado hemos de dejar a la posteridad?

O, como aparecía en el paratexto que abría la segunda edición de Sinfonía de Praga, y se reitera en la página 196 de Los papeles de Walter Benjamin:

«La literatura como expresión estética de la ética humana (Nulla aesthetica sine ethica): Responsabilidad ética para analizar críticamente el pasado y críticamente comprometerse con el presente, corresponsabilidad ética con el mundo que hemos de dejar hacia el futuro» (Pag. 196).

Aunque también podemos acudir de nuevo a Benjamin, como bien escribió en El origen del drama barroco alemán, cuando la esplendorosa letona Asja Lācis iluminaba sus días azules y ocupaba sus tórridas noches mediterráneas en la isla de Capri en 1924:

«Cada personaje, cada cosa y cada situación puede significar cualquier otra».

 


28/6/26

Dos furtivas lágrimas me caían, delatoras, por las mejillas…

 

…cuando comenzaron a sonar las primeras notas de la Novena sinfonía, en re mayor, de Gustav Mahler, esta mañana en la sala sinfónica del Auditorio Nacional de Música de Madrid.

Dos lágrimas que, furtivas y delatoras, yo disimulé lo mejor que pude ante Mercedes y María, que, generosas, me acompañaban, al inicio de la Novena sinfonía, cuando, en los primeros compases, comenzó a sonar el sutil y constante pulso rítmico de los violonchelos, el arpa marcaba una atmósfera de quietud, la trompa suspiraba melancólicamente y los violines introducían el tema principal, interpretado con sordina y de forma muy tierna.

Sentado en la tercera fila del patio de butacas, casi en frente del concertino, y pudiendo observar de cerca al apolíneo David Afkham, en su última actuación como director con la Orquesta Nacional de España, en la sesión que cerraba la temporada y después de siete años como director titular de la OCNE.

 


Como tú bien sabes, la Novena sinfonía fue concluida por Mahler el verano de 1909 en los Dolomitas tiroleses y posteriormente fue instrumentada en Viena y revisada en Nueva York durante el invierno de ese mismo año; aunque no se estrenaría hasta el 26 de junio de 1912, un año después de la muerte de Mahler.

 


Durante la composición de la sinfonía, Mahler no era ajeno a los dolorosos efectos causados por la muerte de su adorada hija mayor María Anna, muerta en 1907, cuando solo contaba con cuatro años de edad. Para Mahler había comenzado, asimismo, a ser objeto de preocupación su estado de salud: le habían diagnosticado una doble lesión valvular reumática. ¿Y acaso las andanzas de la sin par Alma ya comenzaban a ser dolorosamente sentidas por el compositor y director de orquesta?

Esta mañana en el Auditorio Nacional fue muy grata la actuación de la orquesta y la despedida de David Afkham en la sesión que cerraba la temporada orquestal del Auditorio Nacional. Daba gusto ver al bello Afkham, zapatos de reluciente charol, dirigir a los miembros de la orquesta con cada uno de sus dedos bien activados, el arqueo de sus cejas, la constante expresividad de sus ojos, el movimiento de sus piernas y su cuerpo todo, que a veces parecía bailar y cimbrearse en el podio llevándose tras de sí a toda la orquesta.

El Finale del cuarto movimiento, un adagio muy lento y contenido, se cierra con el “pianissimo”, “extremadamente lento – pppp”, y, sobre el calderón final, la indicación “ersterbend” (muriendo). El sonido orquestal de las cuerdas muriendo poco a poco, muy lentamente, de manera casi imperceptible, que todo el público del Auditorio acogimos con profunda intensidad y emoción. Parecía como si el sonido, la música y el arte se resistieran a abandonar definitivamente el espacio, la sala del Auditorio. Había elegancia dentro de la desolación, dignidad en el dolor, serenidad en la despedida. Después, el silencio. Un silencio absoluto, entregado, casi físico, preludio de un llanto contenido que no se podía controlar.

 


Y después, todos aplaudimos, en pie, afectuosamente al guapo David Afkham y a la orquesta y a Gustav Mahler durante varios minutos, mientras, otra vez, dos furtivas lágrimas vinieron a surcar mis mejillas, que disimulé lo mejor que supe.

¡Ay, la música! ¡Ay, la literatura! ¡Ay, el arte!

 

  


21/6/26

No le toques ya más que así es…

 


Fin de semana leyendo otro libro muy yo (Adorno en Nápoles), al que tenía ganas de echarle el diente desde hace tiempo –a veces, el escritor lee y no escribe, aunque siga en el taller del artista, ya que, como bien sabes, quien bien escribe, mucho ha de leer; y yo, llevado de mi natural inclinación, como le sucedía a aquel que deambulaba por el Alcaná de Toledo, también soy aficionado a leer, aunque sean los papeles rotos de las calles–.



Es verdad que el golfo de Nápoles y los míticos escenarios de la Ilíada homérica o de la Eneida virgiliana han dado mucho de sí para quienes, jóvenes ansiosos de luz y de experiencias enriquecedoras, peregrinaban a Italia en el Grand Tour a principios del siglo pasado.

Así lo hacen cuatro pensadores alemanes, Benjamin, Adorno, Kracauer y Sohn-Rethel, que se encuentran en el Nápoles de 1925 –en el libro leído se cuenta lo que allí les sucedió y lo que dio de sí aquel viaje iniciático–.

Los cuatro intelectuales alemanes, jóvenes treintañeros progresistas, ansiosos en la búsqueda de sí mismos y de su papel en la sociedad de la época, recorren con pasión y provecho Nápoles, la isla de Capri, Positano, Sorrento o la costa amalfitana. En ese entorno idealizado reflexionan por primera vez sobre el concepto de constelación o de imagen dialéctica, que tanto han de dar de sí posteriormente en lo que conocemos como la Teoría Crítica o la Escuela de Fráncfort –no solo describir o explicar cómo funciona la sociedad, sino cuestionar las estructuras de poder que la sustentan para lograr la emancipación de los individuos frente a la opresión–, convirtiendo aquellos paisajes misteriosos y siempre fascinantes de la Italia meridional en la filosofía de la modernidad.

Y no has de olvidar que un año antes, en 1924, Walter Benjamin ya había estado en esas tierras, que fue allí donde conoció a la esplendorosa letona Asja Lācis, la que iluminaba sus días azules y ocupaba sus tórridas noches mediterráneas en la isla de Capri, tal como se cuenta en Los papeles de Walter Benjamin. Fue entonces cuando Benjamin escribió en El origen del drama barroco alemán: «Cada personaje, cada cosa y cada situación puede significar cualquier otra».

 

11/6/26

Who knows Dora, knows what love means

 

He estado releyendo anoche un libro muy yo, Die Herrlichkeit des Lebens (Michael Kumpfmüller: 2011), traducido al castellano con el título de La grandeza de la vida (Tusquets), que fue llevado al cine por Georg Maas y Judith Kaufmann en 2024. En el libro se narra con lirismo y mucho afecto el último año de vida de Franz Kafka y su relación con Dora Diamant.


         A los lectores de Sinfonía de Praga o de Los papeles de Walter Benjamin no les sorprenderá mucho esa relectura que acabo de hacer –si es grato leer, qué decir del placer de la relectura–.

 Bien conoces la pasión por Kafka que ambas obras manifiestan y hasta mi cariño por Dora Diamant, la última compañera de Kafka y la que le acompañó en el lecho de muerte, cuando Kafka ya tenía puesto el pie en el estribo. Seguro que bien recuerdas esa frase tremenda: «Mátame; si no, serás un asesino».

A Dora Diamant, como bien sabes, se hacen múltiples referencias en Sinfonía de Praga; y se la menciona en más de veinte ocasiones en Los papeles de Walter Benjamin.


          Si acudes al epígrafe titulado «Dora Diamant y el Kafka que nadie ha conocido» de Los papeles de Walter Benjamin» Benjamin (Pág. 100), te encontrarás su historia:

En 1923 Dora acudió como voluntaria a trabajar en un campamento de vacaciones en Graal-Müritz, en uno de los típicos balnearios y lugar de vacaciones de la costa del mar Báltico. Allí, el 13 de julio, fue donde Dora conoció a Franz Kafka, que había acudido al balneario de Graal-Müritz buscando recuperarse de su enfermedad, cuando ya estaba fuertemente aquejado por la tuberculosis y con la muerte rondándole muy de cerca.

Inmediatamente surgió el amor entre Franz, que entonces acababa de cumplir cuarenta años, y Dora, que contaba con veinticinco años de edad, si no estás equivocado –aunque algunos papeles y textos, aparentemente sabios pero malinformados, dicen que en ese momento solo tenía diecinueve–. Dora y Franz pasaron juntos cada día de las tres semanas siguientes y enseguida hicieron planes para vivir juntos en Berlín. Sin embargo, concluida la estancia en el balneario de Müritz, Kafka tenía que regresar a Praga: su familia y la enfermedad no le permitían hacer otra cosa.

Pero el amor todo lo puede, y, unos cuantos días después, a finales de septiembre, Kafka dejó Praga y se mudó a Berlín para compartir allí con Dora amores y afectos mutuos. Días de pobreza y necesidad extremas para Franz y Dora, y de deterioro progresivo e intenso de la República de Weimar; días de creación artística, que surge a borbotones, en la mente de Kafka, en una época de antisemitismo creciente en Alemania; días de mudanza de casa en casa para la pareja de enamorados (Miquelstraße 8; luego, Grunewaldstraße 13, o, después, Zehlendorfer Heidestraße 25), en una época de inflación galopante; días de angustia por la enfermedad de Franz, que avanza sin remisión, y del Putsch de Hitler en la cervecería de Múnich; días de gratificantes paseos por el delicioso parque de Steglitz, el parque de la niña que lloraba por su muñeca desaparecida: Franz y Dora, cogidos de la mano, mirándose a los ojos e ignorando la tuberculosis de Kafka y el hambre que juntos, uno y otra pasaban.

Pero la enfermedad de Kafka avanzaba rápidamente, de manera inexorable, por lo que tuvo que regresar a Praga en busca del amparo y la protección familiar. Poco después, Franz, acompañado de Dora, acude a buscar atención médica a Austria, donde morirá a los pocos días, el 3 de junio de 1924, en el sanatorio de Kierling, cerca de Klosterneuburg, en las inmediaciones de Viena, atendido por Dora y por su amigo Robert Klopstock.


          Y para saber lo mucho que Walter Benjamin aprendió sobre Kafka o sobre literatura en sus contactos en Berlín con Dora Diamant habrás de seguir leyendo unas cuantas páginas de Los papeles de Walter Benjamin.

Allí podrás encontrar por qué Kafka, en su lecho de muerte, cuando ya no podía hablar, escribió esa terrible frase de «Mátame; si no, serás un asesino»; o cómo la Gestapo se incautó en el domicilio donde vivía Dora, en el número 13 de Pariserstraße, el 20 de abril de 1933, de gran parte de los papeles de Kafka que Dora atesoraba; o cómo las purgas de Stalin afectaron a la vida de Dora, que en su noveno intento huyendo de la Unión Soviética y del nazismo logró llegar a Inglaterra como una inmigrante ilegal sin papeles. Y hasta podrás conocer el retrato a lápiz que Kafka le hizo a Dora –la cara ladeada, el gesto sonriente y amoroso– cuando acabó de escribir en 1924 el relato Josefina la cantante o el pueblo de los ratones.

En la Biblioteca Bodleiana de la Universidad de Oxford, que custodia algunos de los más valiosos manuscritos de Kafka, figura un retrato femenino de Dora Diamant, de 22,1 x 14,3 cm, realizado a lápiz sobre papel (Ms. Kafka 46, fol. 39v), fechado en la primavera de 1924, realizado por Kafka, muy similar al que describe Benjamin, si es que no es el mismo. El dibujo está integrado en un borrador de Josefina la cantante o el pueblo de los ratones (esquina superior izquierda del reverso de la página donde está esbozado el final del relato).


      Y si acudes a la página 314 de «Los papeles de Walter Benjamin», descubrirás, finalmente, que:

Dora Diamant, que en su noveno intento había conseguido llegar a Inglaterra, se estableció en Londres, donde fundó un restaurante y un teatro para la comunidad judía con el objeto de mantener viva la lengua y la cultura yidis. A los 54 años, el 15 de agosto de 1952, falleció de un fallo renal en la capital británica.

Fue enterrada en una tumba sin nombre en el cementerio de la sinagoga de Marlowe Road, en East Ham.

En 1999, sus parientes, procedentes de Israel y de Alemania, se reunieron ante su tumba para homenajearla y colocaron una lápida, en la que está inscrito lo siguiente: «Who knows Dora, / knows what love means» [Quien conoce a Dora, sabe lo que significa el amor].

La búsqueda insistente de los papeles y documentos de Kafka que tenía Dora Diamant en su poder en Pariserstraße fue realizada en la década de 1950 por Max Brod y por Klaus Wagenbach, el erudito alemán que ha dedicado su vida a Kafka, aunque sin resultado alguno. Desde la década de 1990 es The Kafka Project (San Diego State University Research Foundation in San Diego, California) quien se está encargando de ello, sin grandes resultados hasta ahora. Aunque puede que…»

 

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