30/12/20

Toda historia tiene un principio y un fin...

 

 

…así comienza, como muy bien recuerdas, esa novela que tú y yo sabemos.

Aunque hay otros mundos, que también están en este, que han comenzado de otra manera —segundo cuarteto (East Coker) de Eliot):

«En mi principio está mi fin… [In my beginning is my end

«…en mi fin está mi principio […in my end is my beginning]».

 

vvv

 

«It was the best of times, it was the worst of times» (Abre Dickens A tale of two cities).

 

¡Hay tanto donde elegir...! ¡...y todo mío!


vvv

 

«A story has no beginning or end: arbitrarily one chooses that moment of experience from which to look back or from which, to look ahead» (Green: The end of the affair). [Una historia no tiene principio ni fin: uno elige arbitrariamente ese momento desde el que mirar hacia atrás o desde el que mirar hacia adelante].

 

vvv

 

Aunque, a veces, lo importante no es cómo se abre sino cómo se prosigue la historia, o la vida, que viene a ser lo mismo:

«Life is... a tale... full of sound and fury, signifying nothing», con Macbeth, V, V; y un Compleméntum (Manifiesto) que tú yo sabemos dónde va.

 

vvv

 

«El resto es silencio» (Hamlet V, ii)

A partir de 4’33’’, la pieza insonora de John Cage, con “Sinfonía de Praga” siempre in mente (Pág. 323):

…donde todo el resto es silencio, el resto es solo silencio, silencio solo, para que el silencio de la obra creativa permita oír y escuchar otros silencios u otros sonidos u otros ruidos circundantes que nos envuelven y no se dejan habitualmente oír, arte del silencio convertido en silencio del arte.

 

vvv

 

«I am that I am», que escribió Shakespeare en el soneto 121, y que escrito está en otros muchos textos, lugares y vericuetos, desde «Yo soy el que soy» o «Yo sé quién soy», hasta «Je est un autre» de Rimbaud.

Para proseguir y no parar con el «Legendo simulque peragrando» del Guzmán de Alfarache del pobre Mateo Alemán —¡ay, tiempos aquellos, que son estos!

O con otros versos:

Pero estáis en nosotros, conteniendo multitudes,

que la muerte no es el final del camino

–en el principio está nuestro fin

(in my end is my beginning,

por el poeta escrito está).

 

vvv

 

Somos lo que somos,

lo sabes bien,

somos lo que fuimos,

lo que unos y otros nos ayudaron a ser

—nature más que nurture—

hasta hacernos así.

 

vvv

 

El resto de vida que en mí está

está contigo

—vivir conjuntamente—.

[…]

El resto de vida que en mí no está…

 

vvv

 

Y, aunque encerrados con un solo juguete, la novela o la historia que poco a poco va desarrollándose y espera hacerse presente en el futuro –«Los judíos mueren en Europa y se los entierra como a perros», mal escribía Hannah Arendt en tiempos de ruido y furia allá por 1940–, también queremos tener tiempo para otras historias y músicas –¡Viva Bthvn!– y otros libros. ¡Son tantos los intereses que nos acogen, las músicas que nos acompañan y los pensamientos que nos habitan!

 

¡Mi tesoro!


Y ahora que ya hemos superado el mezzo del cammin di nostra vita y sabemos con el poeta que la vida iba en serio y que envejecer y morir es el único argumento de la obra –«Ibant obscuri sola sub nocte per umbram» (Eneida 6:268)–, ya no nos sirve refugiarnos en el interior de “Sinfonía de Praga”, en lo que ha de quedar de lo habido –monumentum aere perennius–.

De nada nos vale adentrarnos en el interior de Auschwitz, que ya es decir (Págs. 400-401). Ni de nada nos sirve acudir hasta el Diario de Lieserl (Pág. 365), que bien escribe en 1943 desde Praga:

dejar fama pública a través de nuestra obra; que sea nuestra obra la que nos sobreviva y dé fe cierta de que hemos existido, de que hemos pasado por este mundo dejando alguna huella: Ese es mi deseo.

 

Ni siquiera nos consuela rememorar lo ya escrito en las Págs. 371-372:

Así es; así será, si así les parece, que esta historia está dando ya mucho de sí, y más que habrá, que la vida es corta, el tiempo apremia y cuando tengamos puesto ya el pie en el estribo y con las ansias de la muerte, como Él escribió, yo solo quiero, aunque de manera anónima —si es que no apócrifa—, dejar fama y fortuna de lo que ha sido, de poco más que una quincena de años en una Europa convulsa, que se desangra y una y otra vez repite sus errores del pasado, una historia que camina, o cabalga más bien, a caballo entre dos mujeres en aquella Praga que es esta, donde Lieserl y Meme parecen convivir tan a su gusto, mientras yo asumo, anónimo, un papel subordinado, que es, sin embargo, el del dios todopoderoso y eterno —fama y fortuna— que a trancas y barrancas va haciendo avanzar su creación y su obra.

 

¡Sorprendido!


Mientras, escuchamos la obra completa de Beethoven y leemos a JRJ:

… Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros

cantando

[…]

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol

verde, sin pozo blanco,

sin cielo azul y plácido…

Y se quedarán los pájaros cantando.

 

O nos acercamos hasta Wisława Szymborska:

Todo principio

no es más que una continuación,

y el libro de los acontecimientos

se encuentra siempre abierto por la mitad

[…]

Nada sucede dos veces

ni sucederá, y por eso

sin experiencia nacemos,

sin rutina moriremos.

[…]

Eres y por eso pasas.

Pasas, por eso eres bella.

[…]

Concluida la fábula el mundo es gris y hay niebla.

 

¿Y tú por dónde me recomendarías que siguiera, qué libro crees que habría de acoger entre mis manos para que me inundara la mente y el corazón mientras sigo acompañado por Beethoven?

 

¿Proseguir con mi Benjamin? ¿Adentrarme en el Madrid de Trapiello? ¿Buscar el consuelo de la música con Ramón Andrés? ¿Acudir a los ensayos de Montaigne? ¿Refugiarme en los poemas impersonales de JRJ? ¿O bucear en la vida y en la obra de Sontag? ¿Acaso buscar con Marifé a Tsvietáieva y a Zambrano? ¿O a la ciencia hecha literatura con Labatut? ¡Ay, las cartas de F! ¿O la vida sencilla de Glück? ¿O encontrarme con el pueblo español una y otra vez traicionado de Preston?

 

29/11/20

Cisne negro —cumpleaños 2020—

 

Mi corazón agradecido a todos los que habéis compartido conmigo este día, con unos versos:

 

Somos lo que somos,

lo sabes bien,

somos lo que fuimos,

lo que unos y otros nos ayudaron a ser

—nature más que nurture—

hasta hacernos así.

 

El resto de vida que en mí está

está contigo

—vivir conjuntamente—.

 

El resto de vida que en mí no está…


 

 

A pesar de estos tiempos tan extraños que nos toca vivir, hemos disfrutado plenamente del día, y disfrutaremos de todos los días que vendrán, que tienen que venir:

 

Hay un tiempo para sembrar

y un tiempo para cosechar;

hay un tiempo para nacer

y un tiempo para amar;

hay un tiempo para edificar

y un tiempo para morir.

 

 

Habitado por mil pensamientos en este día otoñal y hermoso, tiempo de «colores mil e infinitas tonalidades amarillas, doradas, ocres o marrones y múltiples olores —¡intensos olores de otoño…!—», como escrito está en la Pág. 149 de esa novela que tú y yo sabemos.

Tiempo de castañas; tiempo soleado y autumnal que se adentra en nosotros, nos embriaga y nos hace sentir como una parte más de la naturaleza toda, según escribió Lieserl Einstein en su Diario en octubre de 1930, en una tarde de amor y sexo, «embriagada de amor, o de otoño —sensaciones a flor de piel—, dispuesta a lo que quisiera, a entregarme toda a él si esa era su voluntad, ninfa y fauno que retozan amorosamente después de la siesta».


 

Habitado por tantos pensamientos —y recuerdos, y sensaciones, y proyectos—. Aquí estamos; aquí queremos estar, si tenemos ocasión y tiempo en este día madrileño, otoñal y hermoso; tiempo de colores mil e infinitas tonalidades; tiempo de múltiples olores; tiempo soleado y autumnal que se adentra en nosotros, nos embriaga y nos hace sentir como una parte más de la naturaleza toda.

 



Que no, que no estamos encerrados con un solo juguete, aunque así lo parezca a veces, que un nuevo proyecto artístico ocupa nuestros días y noches monumentum aere perennius:

 

Retirado en la paz del monte Abantos,

en esta mi sierra escurialense,

con pocos pero doctos libros juntos,

vivo en conversación con el pasado

 y escucho con mis ojos muchos muertos.

  

25/9/20

¡Madrid me mata!

 

 

«¡Madrid me mata!», escribíamos y publicábamos hace unos cuantos meses.

 

          Y, concisos que somos, añadíamos:

 

El resto de vida que en mí está

está contigo

–vivir conjuntamente–.

 

El resto de vida que en mí no está…

 

¡Madrid me mata!


Y como queremos conmemorar como se merece el “Día europeo de las lenguas”, no hemos encontrado mejor forma de hacerlo que reafirmando lo que ya hemos escrito:

«La lengua es necesaria para dialogar con el otro; pero es imprescindible también integrar su cultura si uno quiere convivir de verdad».

  

https://elpais.com/elpais/2019/09/02/eps/1567420588_978147.html




16/8/20

Amancio amigo, ¿a qué Alfonso VI has querido homenajear?

  


Puede que lamentablemente no sean castillos, como defiende mi buen amigo Amancio; puede que sean catedrales románicas o góticas (pórtico, rosetón, etc.), como escribe el escultor villahibierense frente a tanto descreído; puede que sean castillos, como defienden gentes diversas (¿castillos de León, castillos de Castilla?), pero son gigantes, ¡y bien parlanchines!, los que adornan la corona del rey Alfonso VI en el nuevo monumento funerario o panteón real que se acaba de inaugurar hace unos días en Sahagún (León).
¿Son galgos? ¿Son podencos? Qué más da, que da lo mismo en estos tiempos que corren. ¡Es arte!
 Puede que estén bien o mal traídos algunos de los elementos que configuran y adornan esa real corona de Alfonso VI; pero es arte; arte valioso del siglo XXI; arte grato a la vista y a nuestros corazones; arte sublime a las emociones y a los sentimientos de leoneses, españoles y ciudadanos del mundo.
 A partir de la reciente inauguración en Sahagún del monumento funerario o panteón real de un rey muerto hace ya más de 900 años, se ha desatado la polémica en los medios de comunicación y en las redes sociales a raíz de la simbología que aparece o no aparece en la corona que porta en el monumento funerario el rey muerto en 1109.

Imagen del monumento funerario o panteón real recientemente inaugurado,
obra del villahibierense Amancio González Andrés.

Sí, monumento funerario o panteón real inaugurado hace unos días de ese rey Alfonso VI, rey de Asturias, León, Astorga, El Bierzo, Zamora con Tierra de Campos, así como de las parias de la taifa toledana. Y todo ello por haber sido el segundo hijo varón del rey de León y conde de Castilla, Fernando I, y de la reina Sancha de León, según los doctos historiadores afirman.
 Sí, monumento funerario o panteón real inaugurado hace unos días de ese rey Alfonso VI que peleó con su hermano Sancho, que había sido coronado como rey de Castilla, reino recién creado por su padre para que su hijo mayor reinara sobre él, y de las parias de la taifa de Zaragoza, según señalan los sabios eruditos.
 Sí, monumento funerario o panteón real inaugurado hace unos días de ese rey Alfonso VI que junto con su hermano Sancho, con el que se había reconciliado después de mucho batallar, se enfrentan a su hermano García, lo apresan en Santarém y se apoderan de su recién heredado reino de Galicia (que se extendía hacia el sur hasta el río Mondego en Portugal y que acogía las parias de la taifa de Badajoz y Sevilla), según los ilustres expertos consultados.
 Sí, monumento funerario o panteón real inaugurado hace unos días de ese rey Alfonso VI que enfrentado nuevamente a su hermano Sancho de Castilla, es derrotado en la batalla de Golpejera, enviado por su hermano al monasterio de Sahagún, donde se le rasura la cabeza y se le obliga a tomar la casulla, y que luego se le destierra a la taifa de Toledo, según se puede leer en las crónicas verdaderas que narran las andanzas de esta peculiar y malavenida familia.
 Sí, monumento funerario o panteón real inaugurado hace unos días de ese rey Alfonso VI que desde su refugio toledano intriga para recuperar el poder y lo logra tras la muerte de su hermano mayor el rey Sancho en Zamora (ya saben todos ustedes, Vellido Dolfos asesina vilmente al rey Sancho —o valerosamente, según otros cuando el rey castellano estaba sitiando la Zamora de su hermana doña Urraca; e igualmente todo el mundo sabe lo que se dice que sucedió después con Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, hombre de confianza y portaestandarte del rey Sancho, y la famosa jura de Santa Gadea de Burgos («¡qué buen vassallo, si oviesse buen señor!», está escrito por el juglar en el Poema de Mío Cid), etc., etc.: Lo que la historia no atestigua lo inventa la leyenda y lo narran las ficciones creadas por los juglares y el romancero, que para eso está la literatura y el arte, que no siempre es muy amiga de la historia, mal que les pese a tantos.
 Sí, monumento funerario o panteón real inaugurado hace unos días de ese rey Alfonso VI que tuvo cinco esposas (Inés de Aquitania, Constanza de Borgoña, Berta de Saboya, Isabel ¿de Francia? y Beatriz ¿de Poitiers? —¿o fueron solo cuatro, como indican algunos viejos cronicones?—) y dos concubinas nobilissimas (Jimena Muñoz y la mora Zaida, que puede que fuera la Isabel mencionada, una vez se cristianizó), según el Chronicon regum legionensium del obispo Pelayo de Oviedo.
 ¿A cuál de todos estos variados Alfonsos que acaecieron hace más de 900 años le has erigido un monumento funerario, amigo Amancio? ¿A qué Alfonso VI has querido homenajear? ¿En cuál de sus múltiples imágenes legadas a la posteridad te apoyaste, porque todos muy bien sabemos que fotografías no nos dejó y retratos ciertos tampoco?

 
Fachada del Monasterio de las Monjas Benedictinas de Sahagún, donde yacen los restos de Alfonso VI con el monumento funerario o panteón real inaugurado hace unos días y esculpido por Amancio González Andrés.

O si quieres te cuento la historia, parece que bastante bien documentada, de los restos mortales del rey Alfonso VI que desde hace unos días ya reposan en el nuevo panteón real: Cuando muere en Toledo en 1109, su cadáver es trasladado al Monasterio de San Benito de Sahagún y depositado en un sepulcro de piedra, que fue colocado a los pies de la iglesia del monasterio para cumplir la voluntad del monarca. Más de cien años después, durante el reinado de Sancho IV, este ordenó trasladar el sepulcro al interior del templo y colocarlo en el crucero de la iglesia, un lugar más noble para acoger la sepultura del rey.
 El sepulcro que acogía los restos del rey Alfonso VI, que se sustentaba sobre leones de alabastro, estaba constituido por un arca de mármol blanco con una tapa de pizarra negra y cubierto por un tapiz de seda en el que aparecía el rey coronado y armado, ubicándose en los lados la representación de las armas de Castilla y de León y en la parte de la cabecera del sepulcro un crucifijo.
El sepulcro que contenía los restos de Alfonso VI fue destruido en 1810 como consecuencia del incendio que sufrió el monasterio de San Benito. Los restos mortales del rey y los de varias de sus esposas fueron recogidos y conservados en la cámara abacial hasta el año 1821, en que fueron expulsados los religiosos del monasterio, siendo entonces depositados por el abad Ramón Alegrías en una caja, que fue colocada en el muro meridional de la capilla del Crucifijo. En enero de 1835, los restos del monarca fueron recogidos de nuevo, introducidos en otra caja y llevados al archivo, donde ya se hallaban en esos momentos los despojos de las esposas del soberano.
 Pero en ese año de 1835, cuando se produce la desamortización del monasterio de San Benito, las dos cajas que contenían los restos del rey y de sus esposas son acogidas por un parroquiano que era pariente de un religioso. ¡Así se escribe la historia!
 Ambas cajas fueron halladas en 1902 por el catedrático del Instituto de Zamora Rodrigo Fernández Núñez y permanecían situadas hasta hace unos días en un arca de piedra lisa con cubierta de mármol en el Monasterio de las Monjas Benedictinas.
   
Así se ha escrito la historia, nuestra historia, como bien manifiestan los eruditos trabajos de Ricardo del Arco y Garay (1954), de Juan C. Elorza, Lourdes Vaquero, Belén Castillo y Marta Negro (1990), de Serafín Moralejo (1992), de Manuel Carriedo Tejedo (2006), de Raquel Alonso Álvarez (2007), o las investigaciones más recientes de José Luis Senra o de Julio Manuel Vidal, María Luz González y María Encina Prada.

 Vídeos hechos públicos por Amancio González Andrés desde su taller del monumento funerario erigido a Alfonso VI y a sus esposas.

Y qué decirte de los tres guiños que confiesas que has integrado en el monumento funerario al rey Alfonso VI y a sus esposas.
Nadie te habrá objetado nada al primero de ellos que mencionas (bases de los sepulcros en piedra de Boñar, rematadas por sendas cabezas de león, símbolo que ya en tiempos de Alfonso VI lucía en la fachada de San Isidoro de León y del que, según cuentan las crónicas, el monarca hacía uso en sus labores de gobierno).
 Ya veremos qué se te dice de los dos ángeles románicos que custodian cada uno de los sepulcros y que confiesas haber copiado de la tapa del sarcófago de piedra de Alfonso Ansúrez, realizados en Sahagún y hoy en el Museo Arqueológico Nacional.
 Pero veremos a ver qué pasa con el guiño que confiesas haber puesto en los pies del monarca: «Vestimos sus pies con babuchas, calzado común de los árabes con quienes convivió y compartió amistades y enfrentamientos». ¿Vestir al monarca cristiano con calzado árabe? ¿Y señalas que compartió amistad con los moros? ¡Ay, amigo Amancio, en qué berenjenales te me metes, por qué andurriales te me andas! Mira que lo tuyo es el arte, que eso es lo que sabes hacer tan bien, arte sublime, y debes dejar esas historias para los otros.
 Como ya hemos escrito en las redes sociales al hilo de la polémica surgida acerca de la corona del rey Alfonso VI: «¡Ay, cuando se entrecruzan los sentimientos y las razones!». Para luego añadir: «Y entonces las sinrazones pretenden imperar».
 Amancio amigo, sigue con tu arte para disfrute de los pobres mortales, y como hemos promovido y defendido en Sinfonía de Praga y promovemos en toda nuestra creación artística, arte con voluntad ética y estética conjuntadas: Expresión estética de la ética humana (Nulla aesthetica sine ethica).

10/8/20

A Praga desde Villahibibiera

  

A Praga, la mágica Praga se puede llegar desde muchos sitios, pero hay que llegar, ¡que Praga nos está esperando!

Y se puede llegar desde Villahibiera (León), que no es pequeña hazaña, como escribe hoy en el periódico La Nueva Crónica José Antonio Llamas.

Si luego se sale con una novela bajo el brazo (Sinfonía de Praga), ¿qué más se puede pedir?

 

https://www.lanuevacronica.com/a-praga-desde-villahibiera

 

1/8/20

Esta es la vida

 

 

Somos lo que somos,

lo sabes bien,

somos lo que fuimos,

lo que unos y otros nos ayudaron a ser

nature más que nurture

hasta hacernos así.



Recuperar, aunque solo sea por unos días,

imágenes, sensaciones, colores,

gentes, sentimientos, afectos,

paisajes que están en nosotros

y nos acompañan siempre.

 



Ser y estar, naturaleza toda,

ser nuevamente y una vez más

lo que somos,

lo que fuimos,

lo que queremos seguir siendo.

 


Ser contigo, estar con todos los villahibierenses,

aunque solo sea por unos días

un año más: ¡Esta es la vida!






 

13/6/20

¡Por ti, por cada uno de los que os habéis ido! –en memoria y homenaje–





Después de tantas semanas de confinamiento
y de diez días de negro luto,
nos hemos quedado más solos
–¡demasiados sitios vacíos a nuestro alrededor!

Al compartir el pan en la mesa
hoy nos hemos encontrado más solos
–¡demasiadas sillas vacías a nuestro alrededor!

¡Nos faltáis tantos!
¡Nos faltas tú!

Nos faltáis cada uno de los que os habéis ido
en estos tiempos tan extraños
que nos ha tocado vivir.

Hay un tiempo para sembrar
y un tiempo para cosechar;
hay un tiempo para nacer
y un tiempo para amar;
hay un tiempo para edificar
y un tiempo para morir.

¡Nos faltáis tantas almas blancas!
¡Y nos hemos quedado tan solos!

Algo se muere en nosotros
cuando sentimos tanta ausencia
y con el corazón en un puño
os despedimos a ti
y a todos los que os habéis ido.

Pero estáis en nosotros, conteniendo multitudes,
que la muerte no es el final del camino
–en el principio está nuestro fin
(in my end is my beginning,
por el poeta escrito está)–:
Nos habéis dado la vida y la libertad
y nos seguís acompañando desde ahí arriba.

Os recordamos hoy
con imágenes de Villahibiera
y música de Aranjuez,
y os recordaremos siempre
porque siempre estáis en nosotros
monumentum aere perennius.

Sirvan estas breves palabras
en recuerdo y homenaje
laudatio in memoriam
a cada uno de los que os habéis ido.

6 de junio de 2020



Notas:

Como habían hecho con anterioridad hace un par de meses, el 6 de junio me solicitaron colaboración para el nuevo vídeo que, en memoria y homenaje a los fallecidos en la pandemia del coronavirus Covid-19, quería hacer la gente de Villahibiera, mi pueblo natal.

El vídeo puede verse en:
El poema que les hice llegar, como texto literario que es, integra un intenso juego de recursos retóricos y de elementos literarios y paratextuales que el lector habrá de descubrir.

Versos 1 y 2: El poema se fecha de manera muy precisa, el 6 de junio de 2020, el día siguiente a la finalización del luto oficial declarado en España por los fallecidos como consecuencia de la pandemia de Covid-19 mediante el Real Decreto 538/2020, de 26 de mayo, diez días de luto que concluyeron a las 00:00 horas del día 6 de junio.
Después de tantas semanas de confinamiento (Verso 1) y de los diez días de luto oficial (Verso 2), al reunirse las familias en la desescalada se hace patente que hay demasiados sitios vacíos (Verso 4).

Versos 5-8: Y ello se hace asimismo muy evidente en la segunda estrofa (Versos 5-8) cuando se sienta toda la familia a la mesa a comer y a la hora de partir y repartir el pan, a la hora de compartir el pan, hay demasiadas sillas vacías. ¡Y una silla vacía es toda una tragedia!

Versos 13-18: Hay una referencia explícita al Eclesiastés 3:1-2: «Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado».
Y hay también una alusión a los primeros versos de “East Cocker”, de los Cuatro sonetos de T. S. Eliot, y muy especialmente a los siguientes versos:
Houses live and die: there is a time for building
And a time for living and for generation
And a time for the wind to break the loosened pane

Las casas viven y mueren: hay un tiempo para edificar
Y un tiempo para vivir y engendrar
Y un tiempo para que el viento rompa el quicio del ventanal

Hay referencias culturales varias en algunos versos del poema que el lector avispado podrá descubrir: Algo se muere en el alma, en nosotros, cuando un amigo se va (Verso 21); o adiós con el corazón (Verso 23); o la muerte no es el final del camino (Versos 27).

Verso 19: Todas las almas son blancas, incluso las de aquellos que tienen la piel negra. Aunque en estos tiempos, que siguen siendo tiempos de ruido y furia, algunos no lo crean así, como acaba de suceder hace unos días en Mineapolis, Minnesota (Estados Unidos), donde un negro más no pudo respirar porque alguien se lo impidió.

Verso 26: En el poema “Canto a mí mismo” de Hojas de hierba de Walt Whitman aparece el verso: «Yo soy inmenso, contengo multitudes» (I am large, I contain multitudes).
Y a mediados de abril, en pleno confinamiento de la pandemia del coronavirus, Bod Dylan nos sorprendió a todos con una nueva canción titulada “I contain multitudes”.

Versos 28 y 29: En un juego antitético, en castellano y en inglés, se citan los versos que abren y cierran el “East Cocker” de Eliot.

Por otra parte, en el epígrafe 94 de “Taller” de 1.11 “Mena, ganga, esquirlas y virutas (Making of)” de Compleméntum (Manifiesto) de Sinfonía de Praga escrito está lo siguiente (http://www.sinfoniadepraga.es/index.php/aaaa):

«En mi principio está mi fin... en mi fin está mi principio».
Escribe T. S. Eliot (East Coker) para abrir y cerrar el segundo de sus Cuartetos, asociando principio —beginning— y fin —end—, que puede recordar a Heráclito (El principio y el fin son la misma cosa) si fin tiene el significado de final, o casi limitarse a parafrasear el lema bordado en el trono de María Estuardo de Escocia (“En ma fin est mon commencement”, o un bien conocido lema moralizante de la Edad Media, bien ejemplificado por el rondó de Guillaume de Machaut).
Ahora bien, si, tal como sucede en español, fin tiene también el significado de finalidad, podríamos abrir así una caja de pandora, un ciclo infinito o bucle, o una novela proteica y miscelánea, o no.

Hace todo ello referencia a las frases que abren y cierran la novela Sinfonía de Praga, donde las palabras principio y fin tienen una especial relevancia y significación, como bien saben los buenos lectores de la obra.

Verso 30: En este tiempo de pandemia –¡tanto ruido y tanta furia entre tanto silencio y tanta muerte!– ha habido un debate bronco entre los políticos, en los medios de comunicación y en las redes sociales sobre los conceptos de vida y libertad, debate en el que también se ha visto obligado a entrar quien esto escribe (¡Por la vida! ¡Por la libertad!) [https://sinfoniadepraga.blogspot.com/2020/05/por-la-vida-por-la-libertad.html].

Versos 34 y 35: El poema hace referencia a las imágenes de Villahibiera que se acogen en el vídeo y a la música que lo acompaña (Concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo).

Verso 37: Se cita un verso (Odas III, 30, 1) de Horacio, donde el poeta afirma que había levantado un monumento más duradero que el bronce, haciendo referencia a que, con sus poemas, había levantado un monumento que le daría fama inmortal, y que perduraría a través de los siglos más que una obra en bronce, metal que en su tiempo era sinónimo de dureza y de durabilidad.

Verso 40: Al final del poema se retoma la idea inicial que ha dado lugar al texto, como homenaje a la memoria (laudatio in memoriam) de los que han fallecido como consecuencia de la pandemia de Covid-19.


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