14/7/26

¿Cada vez más solos?

          ¿Nos vamos quedando cada vez más solos?

Tiempo ha y precipitadamente se nos fue José Agustín Goytisolo –palabras para Julia; tiempo después se nos marchó Juan –Juan sin tierra, innovador y transterrado–, y ahora se nos acaba de ir Luis –de quien tanto aprendí, como lector y como escritor: sin él yo hoy no sería quien soy, sin Antagonía yo hoy no sería lo que soy–.



Cuando leí Recuento, en los primeros años setenta del siglo pasado, confirmé lo que quería ser, y cómo quería serlo. E inmediatamente vendrían Los verdes de mayo hasta el mar (1976), La cólera de Aquiles (1979) y Teoría del conocimiento (1981), configurando esa tetralogía mítica que es Antagonía, «la fuente donde tantas veces bebí y el manjar del que, a veces, comí».




Como tú bien sabes, en el proceso de escritura de Sinfonía de Praga, hasta siete páginas le fueron dedicadas a Antagonía –Cfr. las página 95 y siguientes de Compleméntum (Manifiesto) de Sinfonía de Praga [Proposición 67 de “Mena, ganga, esquirlas y virutas (Making of)”, en «Taller»]–.




Como ya bien sabes, quien escribe, se escribe: «El que escribe y reescribe, reescribiendo –y desescribiendo– se escribe, a la vez que escribe el mundo que le ha tocado vivir», según escrito está en la pág. 23, al inicio de «Los papeles de Walter Benjamin».

Y hasta podemos preguntarnos: ¿Qué quedará de nosotros cuando nos hayamos ido? ¿Qué legado hemos de dejar a la posteridad?

 

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