¡Portbou
nos espera; nos está esperando Portbou!
En un
par de días nos vamos, de la mano de Walter Benjamin, a Portbou.
Es en esa
localidad catalana y fronteriza donde, como cada año, durante unos días de
septiembre, se va a realizar la Escuela de verano dedicada a Benjamin, que este
año se lleva a cabo bajo el lema «La relación del ‘progreso’ con el surgimiento
de los ‘fascismos’».
Y allí,
el viernes, 4 de septiembre, de 18 a 19 horas, con el título de «El legado de
Walter Benjamin, paradigma de la modernidad», reflexionaremos sobre el arte de
novelar en estos tiempos modernos y presentaremos algo de lo mucho que escrito está
en Los papeles de Walter Benjamin.
Dieciocho
folios llevo escritos para mi intervención en Portbou, en esa localidad
catalana, fronteriza entonces y ahora, en la que aquel
infausto jueves, 26 de septiembre de 1940, después de haber salido de Francia
de manera irregular el día anterior y de haber cruzado los Pirineos a pie, por
la ruta Líster –la misma que, en sentido inverso, en la Retirada, habían hecho
unos meses antes miles y miles de españoles derrotados, Antonio Machado entre
ellos–, Walter Benjamin vino a encontrarse con la muerte, que le estaba
esperando allí, en Portbou. Fue entonces cuando se suicidó a fin de impedir que
la policía española le devolviera a Francia y le entregara a la Gestapo.
Será esta
una magnífica ocasión para reflexionar, una vez más, como lo he hecho en Los
papeles de Walter Benjamin, sobre el legado que Walter Benjamin ha
trasladado a la modernidad y que le ha convertido en icono de nuestro tiempo.
Y
reflexionaré también en Portbou, cómo no, sobre el arte de novelar en estos
tiempos de ruido y furia, sobre cómo hay que seguir escribiendo cada día la
verdad de la vida propia, y hasta de la ajena. Como bien sabes, quien escribe
se escribe, a la vez que escribe el mundo que le ha tocado vivir.
En mi
intervención en Portbou me centraré en el Benjamin narrador a partir de las
reflexiones que hizo en el ensayo «El narrador: consideraciones sobre las obras
de Nicolái Leskov», que publicó en 1936.
En ese
ensayo, hoy tan famoso, Benjamin escribe sobre el narrador como la figura
artesanal que fusiona el conocimiento del marinero –que
cuenta lo mucho que ha viajado– y la minuciosidad de la tejedora –apegada
a la tierra y a la tradición compartida–.
De este
modo, el arte del narrador “teje” –urdimbre y trama sabiamente conjuntadas
en un maravilloso dechado– las historias basadas en la experiencia
compartida por el narrador y el lector.
Ello le
va a permitir a Benjamin combinar en el relato que escribe de su legado a la
posteridad durante los últimos meses de su vida, tal como se recoge en Los
papeles de Walter Benjamin, su vida propia (datos autobiográficos)
junto con sus pensamientos e ideas (lo más significativo de su obra), a
la vez que propicia narrar al mundo el tiempo de ruido y furia que le ha
tocado vivir.
