17/8/26

Encuentro de los Garmón y otras aventuras veraniegas y leonesas

 

 

Después de unos días en el pueblo, ya estamos retornados al taller de San Lorenzo de El Escorial para seguir escribiendo La alegría de vivir que completará Sinfonía de Praga y Los papeles de Walter Benjamin–.

Es verdad que ha habido mucho y bueno estos días veraniegos y familiares por las tierras de León: Un eclipse de sol desde el mirador de la Cruz en Villahibiera, la celebración familiar de la jubilación en una bodega en Valdevimbre y hasta el jubiloso encuentro de los Garmón en Villaverde de Arcayos.

El eclipse: Sorprendente y majestuoso, conforme con lo esperado, nos hizo sentir seres indefensos, hermanados con la naturaleza toda, anochecida a deshora. Contemplamos el eclipse desde la tierra que nos vio nacer, en la que el Sol nos iluminó por primera vez, en la Villahibiera de siempre, aunque uno haya tenido que alejarse de la tierra en la que abrió los ojos para convertirse en ciudadano del mundo, para seguir siempre añorándola.



La jubilación: Compartida celebración en familia. Sí, cada vez más alto, cada vez más fuerte, cada vez más rubio y los ojos más azules, como tantas veces hemos dicho y escrito. Con el sol de primavera que ilumina nuestras mañanas, con las lluvias de junio para rejuvenecernos y recogiendo los frutos que nos depara el otoño, en esta etapa tan gratificante y hermosa que estamos viviendo, aunque todos los días de la semana sean miércoles.




Encuentro de los Garmones: El 15 de agosto, Día de la Asunción, Día de Nuestra Señora, con la Virgen de Yecla al fondo, más de cincuenta Garmones nos hemos reunido y celebrado conjuntamente el jubiloso encuentro en Villaverde de Arcayos. ¡Nuestro bisabuelo Rafael Garmón bien se lo merecía! Allí estuvimos nietos, biznietos, tataranietos y hasta algún chozno de la quinta generación de los Garmones, recordando a mi madre –Rosina– y a mi abuela materna –Teodora– y a tantos de nuestros ancestros y familiares compartidos.



Uno es bien consciente de ser Fernández (por Virino, mi padre; y también por mi abuelo Vicente y por mi bisabuelo Pedro), González (por Rosina, mi madre, así como por mi abuelo Indalecio y por mi bisabuelo Simón), Blanco (por mi abuela María Esperanza, que, en tanto hospiciana, no permite continuar la línea ascendente), Garmón (por mi abuela Teodora y por mi bisabuelo Rafael, que nos ha convocado al encuentro familiar habido el 15 de agosto), González (por mi bisabuela María Josefa), Albalá (por mi bisabuela Valentina), Villafañe (por mi bisabuela Rosina).

De generación en generación –¡cuánto queda en nosotros de nuestros ancestros y de tantos genes familiares compartidos y heredados! ¿cuánto hay en cada uno de nosotros de la crianza y del aprendizaje que da la vida?–.

Como escrito está por el poeta en «Esta es la vida»:

«Somos lo que somos,

lo sabes bien;

somos lo que fuimos,

lo que unos y otros nos ayudaron a ser

nature más que nurture

hasta hacernos así».

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Artículos guardados