7/9/26

Fui, vi y…

  

Fui a Portbou, como bien sabes, de la mano de Walter Benjamin, para participar en la XI Escuela de verano, que este año se llevó a cabo bajo el lema «La relación del ‘progreso’ con el surgimiento de los ‘fascismos’».

Tres soleados días estuve en esa localidad catalana, fronteriza antes y ahora, en la que Walter Benjamin vino a encontrarse con la muerte, que le estaba esperando allí, en Portbou, aquel infausto jueves, 26 de septiembre de 1940, cuando Benjamin se suicidó a fin de impedir que la policía española le devolviera a Francia y le entregara a la Gestapo. Fue allí, en la habitación n.º 4 de la segunda planta, en la parte posterior del edificio de la fonda de Francia, ubicada en el número 7 de la calle del Mar (en lo que hoy es el carrer del Mar): en la fachada del edificio, que ha sustituido al primigenio, figura una placa conmemorativa que acoge una frase benjaminiana: «Tot el coneixement humá pren forma d’interpretació».

Y todos bien sabemos lo que Benjamin escribió en ese momento aciago:

«Dado que me encuentro sin salida, voy a acabar, no tengo otra elección. En un pueblecito de los Pirineos, un lugar donde nadie me conoce, voy a terminar mi vida finalmente».

 


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Vi mucho, tanto en las sesiones de la Escuela de verano como en mis dos recorridos matutinos por Portbou, que comenzaban un buen rato antes de la salida del sol.

Me entretuve en la mayestática estación de ferrocarril, que preside la localidad desde lo alto –majestuosa, con el histórico edificio de la Aduana anexo, y múltiples vías abriéndose hacia el horizonte, líneas paralelas que, sin embargo, se juntan, allá al fondo–, la iglesia de Santa María –enhiesta, manifestando su poder desde lo alto–, las tranquilas calles que van a dar al mar, apacible y tranquilo estos días.

Peregriné y ascendí hasta el cementerio en el que Benjamin fue enterrado en una tumba anónima, que Hannah Arendt no pudo localizar, cuando cuatro meses después, en enero de 1941, fue a rendirle homenaje al cementerio de Portbou, que «da a una pequeña bahía, directamente al Mediterráneo, está esculpido en piedra en forma de terrazas; en sus muros de piedra se mete los ataúdes. Es con diferencia uno de los lugares más fantásticos y hermosos que he visto en mi vida». Su buena amiga Hannah Arendt, la que le llamaba «Benji», no pudo encontrar su tumba, su cuerpo ya para siempre desaparecido de entre los vivos, y hasta de entre los muertos, como escrito está en «Los papeles de Walter Benjamin» (369).

Emocionado, habitado por mis pensamientos, estuve, en silencio, ante el cenotafio en memoria y homenaje a Walter Benjamin, erigido en el cementerio de Portbou, escuchando el rumor del mar y de la naturaleza toda, que me acompañaba en ese momento. Allí, en la placa conmemorativa del cenotafio, en catalán y alemán, se recoge la conocida frase de Benjamin: «No hay ningún documento de cultura que no sea a la vez documento de barbarie».

Y estuve, cómo no, contemplando el célebre Memorial a Walter Benjamin, conocido como «Pasajes» –¡qué palabra tan benjaminiana!–, Memorial escultórico diseñado por el artista israelí Dani Karavan, inaugurado el 15 de mayo de 1994.

Memorial que, integrado en el agreste paisaje de la costa (el mar, el viento, la roca y la luz), junto al cementerio, rinde emotivo homenaje tanto a Benjamin como a todas las personas anónimas que se ven forzadas a huir al exilio en busca de libertad.

Y sí, bajé, por su interior, uno a uno, los 68 escalones del Memorial, antes de golpearme contra el grueso cristal que impide avanzar, pero que deja ver, al fondo, tras 19 escalones más, el mar que todo lo puede.

Memorial, que incluye también un camino de hierro, el muro, el olivo centenario y un cubo de piedra abierto al cielo y rodeado por una verja metálica exterior similar a las que delimitaban los campos de concentración, una invitación directa a la meditación, la memoria democrática y la lucha antifascista.

 

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Y nadie venció –por contraste con la famosa frase «Veni, vidi, vici» que se dice que escribió Julio César para informar al senado sobre su rápida victoria contra el rey Farnaces II del Ponto en la Batalla de Zela–. No, nadie venció; que no se trataba de eso.

Por mi parte, en la Escuela de verano pude reflexionar, una vez más, como lo he hecho en Los papeles de Walter Benjamin, sobre el legado que Walter Benjamin ha trasladado a la modernidad y que le ha convertido en icono de nuestro tiempo.

Y reflexioné también, cómo no, sobre el arte de novelar en estos tiempos de ruido y furia, sobre cómo hay que seguir escribiendo cada día la verdad de la vida propia, y hasta de la ajena: quien escribe se escribe, a la vez que escribe el mundo que le ha tocado vivir (Los papeles de Walter Benjamin: 23).

De la mano de Pilar Parcerisas, convivimos Pau Pedragosa, Diego Ferrari, Jean McNeil, Sam Abrams, Agnès Sinaï, Santiago Gerchunoff, Diana Padrón, Claudia Kalász, Genara Sert, Konstanze Schmitt, Mimmi Woisnitza, Antoni Martí Monterde y el escultor Ernest Altés, la maestra Ángeles Arroyo, mi buena amiga Eva Delgado y tantas otras personas, benjaminianas de pro, que supimos disfrutar y compartir durante tres días en la XI Escuela de verano en Portbou.

Inteligentes filósofos, arquitectos reflexivos, investigadores de diversa naturaleza, múltiples profesores, artistas visuales de varia índole, poetas, escritores, sesudos ensayistas, comisarios de exposiciones, artísticos editores, urbanistas, dramaturgas bien aguerridas, maestras de escuelas y benjaminianos varios, llegados muchos de ellos de la comarca y de toda Cataluña, pero también de otras partes del mundo.

Allí convivíamos, en paz y armonía, argentinos, norteamericanos, berlinesas y otras gentes venidas de diversos lugares de Alemania (preocupadas todas ellas como estaban por lo que iba a pasar el domingo en el land de Sajonia-Anhalt: y las profecías, a veces, se cumplen, para desgracia de todos), ingleses, franceses, muchísimos catalanes y hasta un villahibierense, nacido en la ribera del río Corcos, en las inmediaciones del Esla, en una pequeña localidad leonesa, que se presenta habitualmente como hijo de su padre y de su madre, a la vez que como hijo de su tierra y de su tiempo, que se ha convertido y se siente ciudadano del mundo.

Villahibierense de esa tierra de «seres humanos firmes, vigorosos, recios, curtidos por el sol, enhiestos a pesar de la adversidad y de las inclemencias del tiempo o de los embates de la naturaleza; con sus ojos dirigidos a lo lejos, hacia arriba, hacia lo alto, hacia el cielo; con acendrada mentalidad religiosa, escrutando la naturaleza –mirando hacia el horizonte para adivinar si va a llover o si ya escampa, si va a helar esta noche o si va a hacer sol mañana–, y asentados firmemente en una tierra inmisericorde, desangrada y aleve», como escrito está en Los papeles de Walter Benjamin (50).

Y allí, en la Escuela de Portbou, se hablaba y se hablaba y se hablaba… buena parte del tiempo en catalán, pero también en castellano, en inglés, en francés, en alemán y hasta un poquito en checo.

 

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Y ahora, sobre mi mesa, a mi lado, en el taller del artista, mientras, incansable, prosigo con la escritura de La alegría de vivir –la tercera entrega de la trilogía Constelaciones de Europa–, la novela que va a completar la trilogía que inició Sinfonía de Praga y prosiguió Los papeles de Walter Benjamin, mis ojos se van a un pequeño fragmento de esquisto, a una pequeña muestra de la roca metamórfica que constituye el zócalo paleozoico de los Pirineos orientales cuando se adentran en el mar Mediterráneo, que me he traído de Portbou. ¿Te imaginas donde habré cogido ese fragmento de roca que he traído de Portbou como amuleto?

 

1/9/26

Preparados, listos… ¡ya!

 

 

¡Portbou nos espera; nos está esperando Portbou!

En un par de días nos vamos, de la mano de Walter Benjamin, a Portbou.

Es en esa localidad catalana y fronteriza donde, como cada año, durante unos días de septiembre, se va a realizar la Escuela de verano dedicada a Benjamin, que este año se lleva a cabo bajo el lema «La relación del ‘progreso’ con el surgimiento de los ‘fascismos’».

Y allí, el viernes, 4 de septiembre, de 18 a 19 horas, con el título de «El legado de Walter Benjamin, paradigma de la modernidad», reflexionaremos sobre el arte de novelar en estos tiempos modernos y presentaremos algo de lo mucho que escrito está en Los papeles de Walter Benjamin.



Dieciocho folios llevo escritos para mi intervención en Portbou, en esa localidad catalana, fronteriza entonces y ahora, en la que aquel infausto jueves, 26 de septiembre de 1940, después de haber salido de Francia de manera irregular el día anterior y de haber cruzado los Pirineos a pie, por la ruta Líster –la misma que, en sentido inverso, en la Retirada, habían hecho unos meses antes miles y miles de españoles derrotados, Antonio Machado entre ellos–, Walter Benjamin vino a encontrarse con la muerte, que le estaba esperando allí, en Portbou. Fue entonces cuando se suicidó a fin de impedir que la policía española le devolviera a Francia y le entregara a la Gestapo.

Será esta una magnífica ocasión para reflexionar, una vez más, como lo he hecho en Los papeles de Walter Benjamin, sobre el legado que Walter Benjamin ha trasladado a la modernidad y que le ha convertido en icono de nuestro tiempo.

Y reflexionaré también en Portbou, cómo no, sobre el arte de novelar en estos tiempos de ruido y furia, sobre cómo hay que seguir escribiendo cada día la verdad de la vida propia, y hasta de la ajena. Como bien sabes, quien escribe se escribe, a la vez que escribe el mundo que le ha tocado vivir.

En mi intervención en Portbou me centraré en el Benjamin narrador a partir de las reflexiones que hizo en el ensayo «El narrador: consideraciones sobre las obras de Nicolái Leskov», que publicó en 1936.

En ese ensayo, hoy tan famoso, Benjamin escribe sobre el narrador como la figura artesanal que fusiona el conocimiento del marinero que cuenta lo mucho que ha viajado y la minuciosidad de la tejedora apegada a la tierra y a la tradición compartida.

De este modo, el arte del narrador “teje” urdimbre y trama sabiamente conjuntadas en un maravilloso dechado las historias basadas en la experiencia compartida por el narrador y el lector.

Ello le va a permitir a Benjamin combinar en el relato que escribe de su legado a la posteridad durante los últimos meses de su vida, tal como se recoge en Los papeles de Walter Benjamin, su vida propia (datos autobiográficos) junto con sus pensamientos e ideas (lo más significativo de su obra), a la vez que propicia narrar al mundo el tiempo de ruido y furia que le ha tocado vivir.

 

17/8/26

Encuentro de los Garmón y otras aventuras veraniegas y leonesas

 

 

Después de unos días en el pueblo, ya estamos retornados al taller de San Lorenzo de El Escorial para seguir escribiendo La alegría de vivir que completará Sinfonía de Praga y Los papeles de Walter Benjamin–.

Es verdad que ha habido mucho y bueno estos días veraniegos y familiares por las tierras de León: Un eclipse de sol desde el mirador de la Cruz en Villahibiera, la celebración familiar de la jubilación en una bodega en Valdevimbre y hasta el jubiloso encuentro de los Garmón en Villaverde de Arcayos.

El eclipse: Sorprendente y majestuoso, conforme con lo esperado, nos hizo sentir seres indefensos, hermanados con la naturaleza toda, anochecida a deshora. Contemplamos el eclipse desde la tierra que nos vio nacer, en la que el Sol nos iluminó por primera vez, en la Villahibiera de siempre, aunque uno haya tenido que alejarse de la tierra en la que abrió los ojos para convertirse en ciudadano del mundo, para seguir siempre añorándola.



La jubilación: Compartida celebración en familia. Sí, cada vez más alto, cada vez más fuerte, cada vez más rubio y los ojos más azules, como tantas veces hemos dicho y escrito. Con el sol de primavera que ilumina nuestras mañanas, con las lluvias de junio para rejuvenecernos y recogiendo los frutos que nos depara el otoño, en esta etapa tan gratificante y hermosa que estamos viviendo, aunque todos los días de la semana sean miércoles.




Encuentro de los Garmones: El 15 de agosto, Día de la Asunción, Día de Nuestra Señora, con la Virgen de Yecla al fondo, más de cincuenta Garmones nos hemos reunido y celebrado conjuntamente el jubiloso encuentro en Villaverde de Arcayos. ¡Nuestro bisabuelo Rafael Garmón bien se lo merecía! Allí estuvimos nietos, biznietos, tataranietos y hasta algún chozno de la quinta generación de los Garmones, recordando a mi madre –Rosina– y a mi abuela materna –Teodora– y a tantos de nuestros ancestros y familiares compartidos.



Uno es bien consciente de ser Fernández (por Virino, mi padre; y también por mi abuelo Vicente y por mi bisabuelo Pedro), González (por Rosina, mi madre, así como por mi abuelo Indalecio y por mi bisabuelo Simón), Blanco (por mi abuela María Esperanza, que, en tanto hospiciana, no permite continuar la línea ascendente), Garmón (por mi abuela Teodora y por mi bisabuelo Rafael, que nos ha convocado al encuentro familiar habido el 15 de agosto), González (por mi bisabuela María Josefa), Albalá (por mi bisabuela Valentina), Villafañe (por mi bisabuela Rosina).

De generación en generación –¡cuánto queda en nosotros de nuestros ancestros y de tantos genes familiares compartidos y heredados! ¿cuánto hay en cada uno de nosotros de la crianza y del aprendizaje que da la vida?–.

Como escrito está por el poeta en «Esta es la vida»:

«Somos lo que somos,

lo sabes bien;

somos lo que fuimos,

lo que unos y otros nos ayudaron a ser

nature más que nurture

hasta hacernos así».

 

4/8/26

Prepárate para sentir...

   

…lo que nunca has sentido hasta ahora ni sentirás nunca más en tu vida: el día 12 de agosto, el Sol se ocultará para ti y te sentirás solo, puede que un ser indefenso, puede que un estar hermanado con la naturaleza toda, anochecida a deshora.

Prepárate para sentir, para sentirte, para sentirlo. Y eso no lo puedes hacer solo ni en cualquier sitio. No te puede suceder en cualquier lugar sino en la tierra que te vio nacer, en la que el Sol te iluminó por primera vez, en tu Villahibiera de siempre, aunque hayas tenido que alejarte de ella para convertirte en ciudadano del mundo.

Acércate a Villahibiera el día 12 de agosto, esa tierra de «seres humanos firmes, vigorosos, recios, curtidos por el sol, enhiestos a pesar de la adversidad y de las inclemencias del tiempo o de los embates de la naturaleza; con sus ojos dirigidos a lo lejos, hacia arriba, hacia lo alto, hacia el cielo; con acendrada mentalidad religiosa, escrutando la naturaleza –mirando hacia el horizonte para adivinar si va a llover o si ya escampa, si va a helar esta noche o si va a hacer sol mañana–, y asentados firmemente en una tierra inmisericorde, desangrada y aleve», como escrito está en «Los papeles de Walter Benjamin» (Pág. 50).

 

Eclipse de sol desde Villahibiera

escaleta

(12 de agosto de 2026)


07:25h (Salida del Sol):

La salida del dios Sol se ha de observar esa mañana desde la picuruta del Cueto o desde Piconariz, a donde se habrá de llegar con antelación suficiente, peregrinando en fila de a uno, dirigidos por un perrito pequeño y bien educado (se puede acudir, asimismo, acompañados de gatos y de cualquier otro animal que conviva en el entorno familiar).

 


Resto del día:

Con voto de silencio durante todo el día, meditación sobre el pasado habido o sobre el porvenir, en perfecto ayuno (aunque bebiendo la cantidad de agua que se precise para el sostenimiento del cuerpo y del alma).

Se puede pasear por La Solana, el mirador de la Cruz, Valdelasyeguas, Las Pedrosas, Valdeañe, el roble de Camperas y hasta por Maresteruelo, si el cuerpo lo pide y lo aguanta, respetando siempre el voto de silencio. Con siesta reparadora, a la fresca sombra de una chopa o de una palera, acunados por el suave sonido susurrante del Corcos en Entrelosríos.

Se habrá de hacer parada obligatoria, al menos una vez, a lo largo del día, en la vieja iglesia románica del siglo xii de San Tirso y Santa Eugenia (al gitano de Patri no se le obliga, en tanto que él –muy joven para ello– ya no llegó a bautizarse en esa iglesia ¿y quedó para siempre moro?), rindiendo el correspondiente tributo a la Negrilla, enseña y remembranza, memoria del tiempo recobrado de Villahibiera.

 

19:30h:

Ablución ritual en las aguas del río Corcos, en las inmediaciones del Puente Blanco, para lavar la mugre del pasado y todo el daño recibido o causado, de generación en generación, mientras se entonan los versos del poeta, como escrito está en «Esta es la vida»:


«Somos lo que somos,

lo sabes bien;

somos lo que fuimos,

lo que unos y otros nos ayudaron a ser

nature más que nurture

hasta hacernos así».

 


20:00h:

En medio del Puente Blanco se encenderá un fuego ritual, con tomillo, jara y urces aportadas por Ramiro, en el que se quemará un “cadáver exquisito” [¡qué coño será eso de un “cadáver exquisito”!], elaborado con la activa participación de todos los miembros de la familia presentes en el evento como ofrenda al dios Sol (que otros llaman Zeus, Júpiter, Amón o vaya usted a saber), después de leer el poema “Villahibiera”, que comienza así: «Si a Villahibiera, buscas, oh caminante…»


 20:15h:

Se hará un mural con los deseos de los miembros de la familia, que escribirá Patricia, por ser la mayor de su generación, donde se podrán incluir también aquellos mensajes que envíen por WS u otro procedimiento análogo los que no puedan estar presentes en el evento.

En la medida en que el dios Sol ilumine los deseos cuando dé nueva luz a esta Tierra nuestra, se irán cumpliendo, hasta que en el año 2053 se produzca otro eclipse total del Sol (¿Quién vivirá dentro de 27 años? Me temo que habrá menos miembros en la familia, aunque a lo mejor alguno se anima y comienza a hacerla crecer).


 

20:28h:

Postrados en tierra, la mirada al frente, hacia el oeste, sobre el Puente Blanco, con las gafas aportadas por Mari Celi bien colocadas, sentida adoración al dios Sol durante el eclipse total de los miembros de la familia.

 

20.30h:

Concluido el eclipse, con jarana y alborozo, los presentes se dirigirán al cercano Recodo del Esla para hacer una gran merendola: ensalada de escabeche y huevos cocidos, con abundante sal y vinagre para abrir boca. Ramio irá partiendo jamón (de pata negra, por supuesto), a demanda de los interesados. Luego, tortilla de patata, con cebolla; adobo, chorizo, queso y demás ricas viandas propias del ágape festivo a celebrar, con vino de prieto picudo de Valdevimbre (aunque, si fuere menester, no se harán ascos a los caldos de La Rioja, Ribera de Duero o procedentes de Galicia).


Exterior noche:

Cuando las estrellas de la Vía Láctea ya sean plenamente visibles en el firmamento, agotados todos y un poco bolingas, se podrá ir a dormir cada uno donde bien le plazca, en el soto o en el verde prado de flores esmaltado apto para retozar, o retornando a casa en busca de la acogedora cama.

 

22/7/26

Lo que está saliendo mal...

  

…va a salir bien, si tú lo intentas y bien lo quieres.

Solo hace falta que lo quieras, que bien sabes que, a pesar de todas las adversidades, Ítaca te está esperando, que el fiel porquerizo Eumeo y la inestimable ayuda de Telémaco van a permitir al héroe homérico reconstruir la realidad y reconquistarla, reconquistando a su amada Penélope y reconquistándose a sí mismo en el intento, como se expresa en una novela que tú y yo sabemos (139).

Bien conoces las peregrinaciones y trabajos para llegar a Ítaca de aquel varón ingenioso que, errante durante largo tiempo, participó en la destrucción de Troya y conoció muchos pueblos y gentes en su periplo viajero (25).

Aunque tarde, mísero y solitario, en un barco extranjero, después de haber sorteado el remolino de Caribdis y la roca de Escila, puede que llegues a tu casa y en tu hogar no encuentres más que desolación, le profetizó Tiresias al varón ingenioso y errante (59); y eso también forma parte del destino.

Bien lo sabes: Hay que tener cuidado, que a veces los sueños se cumplen.

Querer ser lo que eres y no preferir nada más (Quod sis, esse velis nihilque malis; así escribe Marcial en su epigrama X 47: «De vita beata»). Mientras, los Rolling Stones te cantan: You can’t always get what you want, but if you try sometimes you might get what you need!

O recrearte en cómo Astrid Thompson finalmente logra hacer realidad el sueño de su padre: reunir cuatro Stradivarius para un concierto único, esperado y deseado por los amantes de la música de todo el mundo. Pero Lise, George, Peter y Apolline, los cuatro virtuosos reclutados para la ocasión (dos violines, viola y violonchelo), no pueden tocar juntos. Las crisis de egos se suceden al ritmo de los ensayos. Sin una solución fácil, Astrid decide ir a buscar al único que, a sus ojos, aún puede salvar el evento: Charlie Beaumont, el compositor de la partitura que van a interpretar en unos días.

Y lo que puede salir bien, si lo intentas sale bien: Todo rodeado de camisetas rojas. Muy rojas y muy españolas, que el fútbol y los españoles pueden ser lo que quieran ser, para sorpresa del mundo entero. Banderas de España por doquier, de esta España unida en la diversidad y hasta en la heterogeneidad. ¡Todos españoles!

¡Ay, el cine! ¡Ay, la música! ¡Ay, el fútbol! ¡Ay, la literatura! ¡Ay, el arte!



[Reflexiones a partir de dos películas, recientemente estrenadas –La Odisea de Christopher Nolan y Los músicos de Grégory Magne–, y una gran banderolada. A veces, con el permiso de la Musa, el escritor de fondo sale un rato del taller del artista de San Lorenzo de El Escorial, dejando sobre la mesa el manuscrito de La alegría de vivir, la tercera entrega de la trilogía Constelaciones de Europa, que avanza a su ritmo, viento en popa].









 

14/7/26

¿Cada vez más solos?

          ¿Nos vamos quedando cada vez más solos?

Tiempo ha y precipitadamente se nos fue José Agustín Goytisolo –palabras para Julia; tiempo después se nos marchó Juan –Juan sin tierra, innovador y transterrado–, y ahora se nos acaba de ir Luis –de quien tanto aprendí, como lector y como escritor: sin él yo hoy no sería quien soy, sin Antagonía yo hoy no sería lo que soy–.



Cuando leí Recuento, en los primeros años setenta del siglo pasado, confirmé lo que quería ser, y cómo quería serlo. E inmediatamente vendrían Los verdes de mayo hasta el mar (1976), La cólera de Aquiles (1979) y Teoría del conocimiento (1981), configurando esa tetralogía mítica que es Antagonía, «la fuente donde tantas veces bebí y el manjar del que, a veces, comí».




Como tú bien sabes, en el proceso de escritura de Sinfonía de Praga, hasta siete páginas le fueron dedicadas a Antagonía –Cfr. las página 95 y siguientes de Compleméntum (Manifiesto) de Sinfonía de Praga [Proposición 67 de “Mena, ganga, esquirlas y virutas (Making of)”, en «Taller»]–.




Como ya bien sabes, quien escribe, se escribe: «El que escribe y reescribe, reescribiendo –y desescribiendo– se escribe, a la vez que escribe el mundo que le ha tocado vivir», según escrito está en la pág. 23, al inicio de «Los papeles de Walter Benjamin».

Y hasta podemos preguntarnos: ¿Qué quedará de nosotros cuando nos hayamos ido? ¿Qué legado hemos de dejar a la posteridad?

 

2/7/26

¿Te vienes conmigo a Portbou?

 

Este mes de septiembre, nos vamos de la mano de Walter Benjamin a Portbou. Es en la localidad catalana donde, como cada año, durante los días 4, 5 y 6 de septiembre, se va a realizar la XI Escuela de verano dedicada a Benjamin, que este año se sitúa bajo el lema «La relación del ‘progreso’ con el surgimiento de los ‘fascismos’».

Organiza: Fundación Angelus Novus y la Associació Passatges.

Inscripción gratuita: info@passatgescultura.org, info@fundacioangelusnovus.orgparcerisaspilar@gmail.com / T. 660 827023.

  


           

Mi intervención en la XI Escuela de verano será el sábado, día 5, a las 12,30h, y versará sobre «El legado de Walter Benjamin, paradigma de la modernidad».

Será una magnífica ocasión para reflexionar, una vez más, como lo henos hecho en Los papeles de Walter Benjamin, sobre el legado que Walter Benjamin ha trasladado a la modernidad y que le ha convertido en icono de nuestro tiempo.

En mi intervención en la localidad catalana de Portbou recordaré lo que bien se sabe, que aquel infausto, jueves, 26 de septiembre de 1940, después de haber salido de Francia de manera irregular y de haber cruzado los Pirineos a pie hacia España por la ruta Líster –la misma que, en sentido inverso, en la Retirada, habían hecho unos meses antes miles y miles de españoles derrotados, Antonio Machado entre ellos–, Benjamin vino a encontrarse con la muerte, que le estaba esperando en Portbou, que fue entonces cuando se suicidó a fin de impedir que la policía española le devolviera a Francia y le entregara a la Gestapo.

Y bien se sabe también que durante los últimos meses de su vida, en aquellos tiempos de ruido y furia de 1940, donde había que intentar sobrevivir a toda costa, Benjamin estaba elaborando un manuscrito, su legado para la posteridad, que siempre llevaba consigo dentro de la famosa cartera negra que le acompañaba a todos los sitios. Ese manuscrito que, después de huir de París a toda prisa porque la Wehrmacht ya ocupaba la capital francesa, comenzó a escribir en Lourdes, el lunes, 15 de julio de 1940, el día en que cumplía 48 años, y que comenzaba así:

«¡Yo no soy malo!». Así has de comenzar tu alegato ante el mundo y ante ti mismo en este día tan triste en que cumples 48 años, con esos ojos empañados en lágrimas que miran más allá de los Pirineos, este lunes, 15 de julio de 1940.

»No; tú no eres malo. Por más que así te traten en estos tiempos de tribulación, en esta Europa convulsa, que enloquecidamente camina hacia el desastre.

»No; tú no eres malo. Como tampoco lo sois los miles y miles de seres humanos que, como ratas enjauladas, estáis intentando huir de la furia desatada en Alemania y que tan rápidamente se está extendiendo por toda Europa.

»No; tú no eres malo. Eso has de escribir reiteradamente y en silencio, ya que no puedes decir nada en voz alta en esta Europa de ruido y furia. Escribir; eso es lo que te queda, Walter; eso es casi lo único que te permiten, Benjamin, y a lo que no has de renunciar en modo alguno.

»En estos tiempos donde no queda tiempo, habitado por tus pensamientos, mientras buscas afanosamente la salvación y la vida, has de escribir, solo escribir, como hacía Kafka: El que escribe y reescribe, reescribiendo –y desescribiendo– se escribe, a la vez que escribe el mundo que le ha tocado vivir.» (Pág 23 de Los papeles de Walter Benjamin).

Manuscrito y legado que Benjamin continuó escribiendo en Marsella a partir del sábado, 17 de agosto de 1940, cuando pudo llegar hasta esa ciudad mediterránea donde acudían los que buscaban salir de Francia y de Europa como fuera y al precio que fuera, ese manuscrito que él consideraba más importante que su vida.

Cuando a Benjamin le recriminan en esos meses de furia desatada, Lisa Fittko incluida, porque, fatigado, siempre lleva consigo a cuestas su pesada cartera negra de cuero, les dice a todos los que quieren escucharle:

«Es mi nuevo manuscrito, en el que casi todo escrito está» (Pág. 204).

Y por si no queda claro, Benjamin añade:

«Debe usted entender que esta cartera y lo que contiene es lo más importante para mí. No puedo arriesgarme a extraviarla. Es necesario que el manuscrito que llevo conmigo se salve. Es muy importante. Mucho más que mi vida» (Pág. 204).

En su legado para la posteridad, Benjamin se pregunta y busca dar cumplida respuesta a tres preguntas que se hace reiteradamente:

«¿Quién eres tú, Walter? ¿Qué eres tú, Benjamin? ¿A cuántos seres acoges en una sola persona, Walter Benjamin?» (Pág. 24).

Y en Lourdes, el lunes, 15 de julio de 1940, el día en que cumplía 48 años e inicia el relato de su legado para la posteridad, en la cuarta página del su manuscrito, Benjamin escribe:

«Lo que a ti, aquí y ahora, te corresponde, a la vera de los Pirineos, en este tiempo de muerte y destrucción, en este tiempo de ruinas, es escribir tu legado, narrar la novela que cada uno lleva consigo, contar tu vida entendida como una novela en marcha y dar a conocer al mundo la obra de arte propia, personal y no transferible ni delegable, tus Papeles» (Pág. 26).

En mi intervención en Portbou me centraré en el Benjamin narrador a partir de las reflexiones que hizo en el ensayo «El narrador: consideraciones sobre las obras de Nicolái Leskov», que publicó en 1936 en la revista Orient und Occident.

En ese ensayo, hoy tan famoso, Benjamin reflexionaba sobre el narrador como la figura artesanal que fusiona el conocimiento del marinero que cuenta lo mucho que ha viajado y la minuciosidad de la tejedora apegada a la tierra y a la tradición compartida.

De este modo el arte del narrador “teje” urdimbre y trama sabiamente conjuntadas en un maravilloso dechado las historias basadas en la experiencia compartida por el narrador y el lector. Ello le permite a Benjamin combinar en el relato que escribe de su legado a la posteridad, tal como se recoge en Los papeles de Walter Benjamin, su vida propia (datos autobiográficos) junto con sus pensamientos e ideas (lo más significativo de su obra), a la vez que propicia narrar al mundo el tiempo de ruido y furia que le ha tocado vivir.

Como tú bien sabes, según está escrito en la página 23 de Los papeles de Walter Benjamin, el que escribe y reescribe, reescribiendo –y desescribiendo– se escribe y se narra a sí mismo, al natural, a la vez que escribe para los demás el mundo que le ha tocado vivir.

Así es el relato de Walter Benjamin para la posteridad, así es su novela en marcha, su legado; así son Los papeles de Walter Benjamin.

Mientras la vida se va yendo, y cada uno de nosotros con ella, hay que seguir escribiendo cada día la verdad de la vida propia, y hasta de la ajena, para, finalmente, preguntarse con Benjamin: ¿Qué quedará de nosotros cuando nos hayamos ido? ¿Qué legado hemos de dejar a la posteridad?

O, como aparecía en el paratexto que abría la segunda edición de Sinfonía de Praga, y se reitera en la página 196 de Los papeles de Walter Benjamin:

«La literatura como expresión estética de la ética humana (Nulla aesthetica sine ethica): Responsabilidad ética para analizar críticamente el pasado y críticamente comprometerse con el presente, corresponsabilidad ética con el mundo que hemos de dejar hacia el futuro» (Pag. 196).

Aunque también podemos acudir de nuevo a Benjamin, como bien escribió en El origen del drama barroco alemán, cuando la esplendorosa letona Asja Lācis iluminaba sus días azules y ocupaba sus tórridas noches mediterráneas en la isla de Capri en 1924:

«Cada personaje, cada cosa y cada situación puede significar cualquier otra».

 


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