2/5/18

Lector in machina


          

Un placer intercambiar reflexiones con vosotros, José Manuel Querol, Pedro Crespo Refoyo, Ernesto Escapa, José Luis Morante y tantos otros lectores.

Por retomar palabras que aparecen en la página 408 de esa novela que vosotros y yo sabemos, el narrador escribe que Meme, ¡ay, Meme de mis amores!, en una noche musical y gloriosa:

«Habló mucho de mí y de mi pasado —mostró que conocía detalles nimios, triviales e insignificantes de mi vida, incluso algunos asentados en remotas etapas en Villahibiera—. Y demostró que conocía muy bien, pelos y señales incluidos, mi estancia en la República Checa o sabía acerca de mis viajes a Serbia, Suiza, Israel o Estados Unidos o mis andanzas por tierras africanas —cocodrilo de Guinea Ecuatorial incluido— y otras aventuras por diversos destinos y lugares.

Habló también sobre la novela. La conoce bien; conoce cómo ha ido evolucionando y el estado en el que se encuentra en este momento. Incluso hizo algunas reflexiones acerca de su difusión, una vez que esté concluida. Podría ser generoso, me indicó, y entregar una versión abreviada de la obra, para goce y disfrute de los lectores.

Y reflexionamos sobre la poética de la recepción, sobre cibercultura, sobre hipertextos, sobre cómo se ha de pasar del lector in fabula al lector in machina y de qué efectos tiene ello sobre el proceso de creación y sobre la propia obra de arte, así como sobre su recepción.

Al final terminamos buscando nombres para denominar la nueva cosa —«un nuevo nombre para la nueva cosa», según le recordé que había escrito en uno de sus mensajes a mis móviles—. Pensando en lo habido y, sobre todo, pensando en lo que vendrá llegamos a la conclusión de que nowwwela o nowebla podrían ser términos adecuados para denominar el invento que teníamos entre las manos».



Lo que a todos vosotros, mis queridos críticos y lectores, os gustará saber es que en la versión extendida de la Sinfonía de Praga —esa que yace en el taller del artista, ya que a la luz ha salido una versión abreviada— aparece el texto siguiente, que ha sido elidido:

«Debatimos sobre cómo la obra ha de generar su propio contexto de lectura o de comunicación, o sobre cómo en la novela el proceso de definición del entendimiento receptivo culmina con la inserción del receptor en el texto mediante un juego de espejos que permita a los lectores identificarse con aquellas figuras que, al igual que ellos, pero desde el interior de la obra artística, atienden a las historias y las valoran para enseñar a descifrar la obra que se está leyendo —tal como ya sucede con Tarsiana en el Libro de Apolonio—, o sobre cómo se puede llegar a pretender modificar el desarrollo argumental de la obra si no se está de acuerdo con el proceder de los personajes de ficción —y lo ejemplificamos en el capítulo XL del libro primero del Amadís de Gaula».

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